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2021

Sevilla luce su cara más mugrienta: el mapa de la suciedad en el Centro PDF Imprimir E-mail

Abc Sevilla / 29/07/2021

Javier Macías

Un paseo estos días por las calles y plazas más céntricas de Sevilla permite descubrir un panorama mugriento que es el vivo reflejo de la preocupación existente entre los ciudadanos. La encuesta de GAD3 publicada por ABC el pasado domingo situaba la limpieza como el segundo gran problema de la capital justo por detrás del paro y por delante del transporte y el tráfico. El Ayuntamiento no ha logrado atajar un déficit que lleva años latente, sobre todo en las épocas más secas del año, como es la suciedad acumulada y la incapacidad de Lipasam para poner fin a la degradación de las zonas más transitadas. Ahora, cuando el turismo vuelve a llenar los hoteles y la Eurocopa ha puesto el nombre y la imagen de Sevilla en el panorama mundial, la ciudad muestra su cara más decadente. ABC ha hecho un recorrido por el Casco Antiguo y ninguna zona peatonal se escapa: todas muestran una costra de suciedad impregnada desde hace demasiado tiempo, incluso en aquellos rincones que han sido reurbanizados recientemente. A eso se le suma el olor y la falta de higiene en el entorno de los contenedores de basura y el mal cuidado del mobiliario urbano. Los bancos están impracticables, llenos de pringue y vandalizados. Los bolardos, además del orín de los perros, están oxidados y, los desmochados, hacen las veces de cenicero o de papelera. Aquellas plazas que tienen una fuente, pese al costoso contrato de mantenimiento municipal para su reparación, están llenas de churretes.
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El recorrido comienza en la plaza de San Lorenzo. El apeo de los plataneros despersonalizó este emblemático espacio aunque a priori le hizo ganar en limpieza al desaparecer las grandes copas y, con ello, las heces de los pájaros y las hojas secas. Pero no, el pavimento de esta plaza que se llena a diario de devotos del Gran Poder y de niños que juegan a la pelota está lleno de manchas. Los bancos de piedra con respaldos de forja están salpicados de orín.

Discurriendo por la calle Cardenal Spínola, hay zonas del suelo pegajosas, pero nada que ver con los que los transeúntes se encuentran en la calle Baños. El pavimento, de tres colores, ha perdido el blanco en muchas zonas por la falta de baldeos en profundidad, y eso que apenas lleva dos años instalado. Los bancos individuales de madera que se colocaron para evitar que se convirtieran en improvisadas camas para los mendigos están llenos de suciedad y con una solería indecorosa. Raro es el día que no amanece con botellas de cristal.

Más adelante se encuentra la plazoleta de Teresa Enríquez, una de las más recoletas y hermosas de la ciudad que, sin embargo, está abandonada a su suerte. En la confluencia con San Vicente hay un grupo contenedores de basura que no sólo afean su imagen, sino que le aportan un hedor insoportable. La vandalización es patente aquí: el incendio de un cubo ha dejado huella en la fachada. En esta plaza suelen acumularse los cartones que sirven de chabolas para los indigentes. Otra plaza afectada por este problema es la del Museo. La zona central está sucia por lo que sueltan los árboles pero el mármol blanco tiene impregnada una costra que no se elimina con una manguera.

Por San Eloy el problema es similar al de Sierpes y Tetuán -con heces de caballos de la Policía Nacional-, aunque el pasaje que conecta con la recién reurbanizada plaza de la Magdalena carece de cuidado alguno. Y la 'Piel Sensible', como se denominó al proyecto de Monteseirín en la Plaza del Pan y la Alfalfa, hace honor a su nombre. Esta última de hecho, lleva días con un inmenso excremento que ha salpicado el suelo junto al parque infantil, cuyos bancos no tienen una zona limpia.


Aunque, sin duda, la zona que presenta un peor estado es la Encarnación. Resulta paradigmático que, siendo uno de los principales atractivos turísticos -es lo primero que visitan los extranjeros-, esté en un estado tan decadente. La zona situada en la embocadura de Puente y Pellón, donde se está ultimando un lujoso hotel, está manchada, llena de hojas, botellas y vasos de plástico y hasta aplaudidores de la última manifestación de CC.OO. que llevan días tomando el sol en los parterres. La peana y el vaso de la vieja fuente de mármol blanco, recién restaurada, están negros. Los bancos están pintarrajeados, uno de ellos es rojo completamente con un mensaje en contra de la violencia machista. En el hueco que hay justo bajo las setas, que sirve de acceso privado a las mismas, hay hasta una nevera de playa tirada.


Camino de la Alameda, los pasos de peatones de la Anunciación han perdido el color. Los alrededores de San Martín huelen a orín, sobre todo la calle Morgado, que no se baldea y sirve de improvisado retrete. Por último, la Alameda. Esta plaza ya no es amarilla, sino marrón. Las fuentes siguen sin funcionar y la suciedad se acumula cada vez más. Los bancos están en un estado indigno, llenos de grafitis y erosionados por el incivismo.

A falta de baldeos de Lipasam, hay quien ruega que llueva... al menos para que Sevilla luzca el lavado del gato.

 
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