Abc Sevilla / 11/10/2021
Manuel Rodríguez
Es posible que muchas personas, instituciones o incluso partidos políticos no conozcan que Sanlúcar de Barrameda posee uno de los más interesantes edificios civiles de todo el país, o que desconozcan que su significación y singularidad conecta con el mejor y más creativo romanticismo europeo. No es, como se ha dicho en estos últimos meses, una arquitectura neomudéjar exactamente, estilo que dio sin duda algunos buenos ejemplos en España; es probablemente el mejor ejemplo de complejo residencial y palaciego neoárabe en nuestro país, con un diseño y construcción que arrancaba con anterioridad y con una creatividad superior.
El palacio que los duques de Montpensier construyeron durante la segundad mitad del siglo XIX es hoy un ejemplo único y pionero de cuidada arquitectura neoárabe y romántica. Producto del rico imaginario estético y de la viajada cultura de Antonio de Orleans, fue también una obra en conexión, no sólo con toda una simbólica tradición artística peninsular, andaluza o mediterránea, sino en relación con una serie de conjuntos palaciegos y residencias de recreo surgidos en Europa en torno a la encrucijada revolucionaria de 1830 y 1848. Catalogado como Bien de Interés Cultural y registrado en el Catálogo General del Patrimonio de Andalucía, el Palacio Orleans ha caído desgraciadamente dentro de la lista roja del patrimonio nacional en grave peligro de deterioro y desaparición. La asociación Hispania Nostra ( www.listarojapatrimonio.org ) ha dado recientemente la voz de alarma y algunos periódicos se han hecho eco de ello, difundiendo tanto su grave situación patrimonial, como dando a conocer impactantes fotografías en las que se acusa la falta de mantenimiento.
Muchos fueron los edificios públicos o privados levantados en España hacia 1900 con una estética neomudéjar –a menudo espacios repetitivos y anodinos-, que poco aportaban en realidad a nivel artístico pero que parecían fomentar algo así como un estilo histórico y nacional. Sin embargo, el Palacio Orleans es un hito artístico de especial relevancia, levantado como decimos no solo en la línea estética y cultural de otras residencias recreativas europeas neoárabes, británicas o alemanas, sino con una novedosa predisposición de sus artífices para establecer una fructífera retroalimentación entre ellas, y como de hecho ocurrió entre Sanlúcar y Sintra, en Portugal.
La educación de Antonio de Orleans, completada por una amplia cultura desarrollada a través de su afición a los libros, el arte y las novedades técnicas, determinaron también un amplio interés por la arquitectura y la jardinería, algo que en Sanlúcar se materializó de manera sorprendente. El complejo palaciego del que hablamos significó para la Andalucía de 1850 una novedad estética revolucionaria, sin duda, fruto del viaje diplomático que este hijo del rey Luis Felipe realizara por el Mediterráneo oriental.
Los Montpensier promovieron de uno de los espacios más brillantes y diferenciados de todos los levantados en Europa, hoy edificio público, y del que los sanluqueños sin duda se sienten orgullosos. La plástica teatralidad de sus fachadas, pura escenografía y materialización brillante de la ensoñación romántica, contrastaba con unos interiores confortables, modernos, a la vanguardia en avances técnicos para la época. Su arquitectura, pero sobre todo su adorno, corrieron a cargo de afanosos artesanos y casas comerciales en su mayoría sevillanas que competían por proveer al Real Palacio de Sanlúcar.
La imagen de abandono que viene presentando el edificio en los últimos años, especialmente el sector del convento de la Merced y del denominado Pabellón del Ángulo, se debe a que lamentablemente no se ha rehabilitado ni restaurado nunca, conviviendo con el resto de los sectores del palacio como una parte olvidada. La grave situación se ha denunciado en múltiples ocasiones a nivel local, pero hasta ahora no había saltado ni a la prensa nacional ni a engrosar la lista roja del patrimonio de asociaciones con larga trayectoria en su defensa. La deuda municipal y la actual situación que vivimos tampoco han ayudado a potenciar una conciencia cívica que alertara con contundencia de la inminente pérdida de un tesoro patrimonial que ahora nos pertenece a todos.
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