Abc Sevilla / 29/11/2021
Javier Macías
Hay calles en Sevilla que no se lavan desde hace meses. Hay otras que, de hecho, nunca han sido sometidas a un baldeo a conciencia para eliminar la capa de mugre que las cubre. Es el caso de la calle Baños, cuya polémica reurbanización concluyó hace ahora justo dos años. Desde entonces, pese a los 600.000 euros que costó la reforma de la calle, ha ido incrustándose una costra de suciedad que ya no arregla ni la lluvia. En estos últimos días en los que han vuelto las precipitaciones, el pavimento tricolor que instaló la Gerencia de Urbanismo está mugriento por la pringue, sobre todo en algunos rincones que no aparecen aún en la ruta de Lipasam.
El Ayuntamiento de Sevilla defendió que fueron los propios vecinos quienes eligieron esas losetas que nada tienen que ver ni con el clásico adoquín de Gerena que lucía anteriormente ni tampoco con el de Quintana de la Serena que ha ido comiéndole terreno al tradicional en otras zonas del casco histórico durante el mandato de Juan Espadas. Aquí se optó por algo que los sevillanos bautizaron como el 'paseo marítimo'. Hoy, dos años después de que acabara la reforma de cara a su peatonalización, se ha perdido el blanco en muchas zonas por la falta de limpieza en profundidad. Los churretes que en verano fueron denunciados por este periódico continúan allí, tapando hasta el color rosáceo y fundiéndose con el gris, que es el tercer color que se instaló y que predomina a lo largo del paseo, desde San Vicente a la plaza de la Gavidia. A la indecorosa situación del pavimento se le une la del mobiliario urbano que se colocó. Los bancos independientes, para evitar que se conviertan en camas improvisadas para los mendigos, están sucios, vandalizados y suelen ser sillones habituales donde tomar una litrona, que luego acaba dejando cristales alrededor. En el caso de los grandes macetones de madera, se han convertido en retretes para perros, que orinan sobre ellos sin que luego una manguera de la empresa pública de limpieza retire la mancha ni el olor. Lo mismo ocurre con los bolardos que cierran el paso a los vehículos en cada uno de los cruces: junto al orín, se encuentran oxidados y, los que además están desmochados, hacen las veces de cenicero o de papelera.
Así luce en la actualidad uno de los proyectos estrella del mandato de Espadas, la peatonalización de una arteria que ha dotado de vida a la calle pero que carece de un mantenimiento digno.
|