Abc Sevilla / 24/04/2022
Alberto García Reyes
La Exposición Universal de 1992 puso a Sevilla en el mapa mundial el 20 de abril de aquel año y la quitó el 12 de octubre. Durante los meses en los que la Isla de la Cartuja fue crisol de todas las culturas y ejemplo de desarrollo, los sevillanos vivimos un sueño que, a tenor de lo que luego hemos vivido, parece que no nos merecíamos. El Gobierno de Felipe González hizo una apuesta indudable por Sevilla que supuso su puesta al día en infraestructuras. La Expo vertebró toda Andalucía a través del AVE, la estación de Santa Justa, la de autobuses de Plaza de Armas que eliminó el tapón de Chapina, la ampliación del aeropuerto, la A-92 (que no se terminó hasta el 93), la autovía de Huelva y, a nivel más local, la SE-30, el soterramiento del tren, la eliminación de las vías de Torneo para acabar con el histórico muro e integrar el río a la ciudad y los seis nuevos puentes: el del Centenario, el de la Barqueta, el del Alamillo, el del Cachorro, la pasarela de la Cartuja y el puente de las Delicias, que sustituyó al de Alfonso XIII.
La Expo'92 fue un impulso del siglo XX para una ciudad que aún no ha entrado en el siglo XXI Sin embargo, parece que aquellos avances nos dejaron una hipoteca política que en 30 años no hemos pagado todavía. El Gobierno mandó a Sevilla a la última posición en sus inversiones y de ahí no nos hemos movido. Mientras otras ciudades han seguido creciendo paulatinamente y cuentan con proyectos del siglo XXI, los sevillanos seguimos castigados a vivir en el siglo XX y casi que tenemos que pedir perdón por haber celebrado la Expo. Somos la única gran capital europea sin red de metro, los tramos de la SE-40 han caducado en los cajones, la conexión ferroviaria con el aeropuerto sigue siendo un pimpampún entre el Estado y la Junta —acaban de anunciarlo, pero aquí han anunciado tantas cosas que no se han hecho...—, el puente del Centenario es un tapón de tráfico tercermundista en el que han anunciado una obra que va más lenta que el caballo del malo... La lista de agravios en indecente, pero la mejor forma de ilustrar el desprecio total de las administraciones con la ciudad es dar un paseo hoy mismo por la Isla de la Cartuja.
Anoche se celebró la final de la Copa del Rey en el estadio que se construyó allí para los mundiales de atletismo de 1999 y se volvió a comprobar que la Cartuja está mal comunicada y que jamás se elaboró un plan que permitiese evacuar el recinto de manera ordenada. Pero los valencianistas también pasearon por un espacio con las farolas rotas, los bancos arrancados, decenas de pabellones abandonados, las estaciones del monorraíl apestando a orín, las aceras levantadas, el telecabina cubierto de moho en una explanada, los jaramagos llenando de nuevo el antiguo canal... De los seis millones de euros que anunció Juan Espadas siendo alcalde para adecentar el recinto cuando se cumplieron 25 años de la Expo no hay nada de nada. El parque tecnológico funciona porque las empresas que se han asentado son buenas, pero urbanísticamente la isla es un monumento al abandono. ¿Acaso hay algo aquí que celebrar?
Lo que pasó... Agravio en el AVE. El Gobierno dejó fuera de los actos del 30 aniversario del AVE a la Junta de Andalucía. Ser sectario es una cosa que al sanchismo se le queda corta. Qué bochorno.
Conexión aeropuerto. La ministra de Transportes anunció que hará la conexión de Santa Justa con el aeropuerto sin esperar a la Junta. Lo ha dicho casualmente ahora que se atisba adelanto electoral en Andalucía. Ya saben.
Lo que pasará... Vámonos 'pa' la Feria. El real de Los Remedios ya está prácticamente preparado para volver a la ciudad efímera anual que perdimos durante la pandemia. Se prevé asistencia masiva. Precaución.
Las obras que quedan. El adelanto electoral que se barrunta se va a notar mucho en Sevilla. Muñoz tiene la obligación de inaugurar las obras que empezó Espadas y ponerlo en la foto.
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