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Llovía intermitente. Éramos pocos y algunos, como el que escribe, demasiado viejos, pero seguimos soñando que en esta Sevilla donde mandan unos pocos, cabe el Canal de la Expo, no el abandonado por el Estado y la Junta, sino el de la Expo, el que servía para refrescar los veranos. El de una ciudad con pasado, presente y futuro. Un futuro respetuoso con su herencia, que desde luego no pasa por convertir en aparcamientos uno de los grandes emblemas de nuestra Expo del 92.
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