La Historia es, aproximadamente, una película proyectada en un cine de sesión continua de los que había antes. Llegabas cuando querías, a la hora que fuese, y te metías a ver directamente la cinta, aunque estuviera empezada. La contemplabas hasta el final, y luego, tras los tráileres y el movi-récord, veías desde el principio lo que te faltaba. Lo que tenía sus ventajas. Empezabas así a ver la película sabiendo que el asesino era el mayordomo, lo cual te daba una superioridad sobre los espectadores que acababan de entrar y que creían, ilusos, que el criminal era el chófer. Y si ibas acompañado, había un momento de la proyección en que te decían, como una orden: