EL MUNDO / 3/4/2014
JAUN MIGUEL VEGA
Si cualquiera de nosotros osara realizar una obra ilegal en Sevilla sería inmediatamente denunciado y sancionado por el Ayuntamiento, teniendo que deshacer lo construido y además pagar la correspondiente multa, a buen seguro cuantiosa. Algo, por otra parte, lógico y hasta necesario en una sociedad que se rige por normas y no por la ley de la selva. Claro, el problema surge cuando quienes en teoría deberían estar más obligados, no sólo moralmente, sino incluso por Ley, a cumplir a rajatabla esa normativa, los políticos, van y se la saltan a la torera.
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En octubre de 2016 ADEPA adelantó los problemas de las obras que se querían hacer en el Patio del León.
En el Alcázar está la salvación de otros monumentos de Sevilla y la ampliación del espacio visitable
1. Las obras en el subsuelo del Patio de Banderas deben iniciarse e forma inmediata. Según la Directora se cuenta con el proyecto y la asignación presupuestaria, es un misterio su paralización. 2. Las noticias sobre nuevas formas de ingresos de las visitas o aumento del número de visitantes contradicen la obligación de consultar antes al Patronato de acuerdo al reglamento del Alcázar, por tanto, debe eliminarse. 3. Ello no es óbice para decidir de una vez por todas nuevas formas de acceso al conjunto que facilite la entrada. 4. No debe plantearse el aumento del número de visitantes que sólo puede tener una finalidad crematística cuando hay 15 millones de euros sin utilizar y además está en peligro la supervivencia del monumento. 5. Estamos de acuerdo en la subida de dos euros en la entrada, siempre que esta se destine únicamente a la atención del patrimonio municipal, tanto mueble como inmueble, siendo la atención primera a San Hermenegildo y San Agustín. 6. Según noticias contradictorias, una parte de los fondos económicos, antes citados, podrían utilizarse sin problema con el Estado. Debe aclararse en el Patronato la realidad de esta posibilidad. 7. Tras el informe de ICOMOS, cercano a las ideas que se concretaron en las jornadas de octubre, debe redactarse un nuevo proyecto que tenga en cuenta todos estos informes o abandonar definitivamente unas ideas que ni mucho menos cuentan con apoyo patrimonial y social suficiente. 8. Seguimos insistiendo en las necesidades de que el Alcalde se reúna con Patrimonio del Estado con el fin de incorporar al Alcázar todos los edificios del Patio de Banderas y el jardín de la Casa de la Contratación en un sistema de permuta de suelo.



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VIVA SEVILLA / 22/5/2014
La obras para la rehabilitación integral de la iglesia gótico mudéjar de Santa Catalina, declarada monumento nacional en 1912, bien de interés cultural (BIC) en 1985 y cerrada al culto desde hace casi diez años, se han iniciado después de que haya concluido el traslado de enseres, el vallado del entorno y se haya desarrollado el andamiaje.
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EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía.
A mediados del S.XIX, el arquitecto guipuzcuano Joaquín Fernández Ayarragaray, el mismo que construye la Casa de las Sirenas para el Marqués de Esquivel y el palacio de los Duques de Montpensier en Sanlúcar de Barrameda, levanta el Panteón del Conde del Águila en el Cementerio San Fernando de Sevilla. A este son trasladados desde la Iglesia de la Magdalena los restos del III Conde del Águila, Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, que fue muerto el 27 de mayo de 1808. La muerte del III Conde del Águila está rodeada de mitos, confeccionados algunos con un fin político, coincidiendo en ello los invasores franceses, los afrancesados de entonces y los “progres” de hoy. Según esa visión, la Sevilla inquisitorial, la que se refleja también en la represión franquista, la Sevilla del pueblo que grita “vivan las caenas y abajo el pensamiento” asesinó a un hombre ilustrado “que dió su vida por la libertad frente al oscurantismo dominante” y que detiene acusándolo de afrancesado y lo mata a golpes en “aras de un patriotismo de pandereta”. Como se ve, al “progre” solo le interesa el pueblo para que le vote, en caso contrario lo convierte en populacho despreciable, igual que cambia la historia y la decora a su gusto. Sería conveniente que en las escuelas españolas se leyera la carta que Jovellanos, hombre, el más ilustrado de los ilustrados, escribe a su amigo Cabarrús negándose a ocupar puesto alguno en la corte del rey José I y defendiendo que la Patria esta en el pueblo. Don Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, III Conde del Águila y VIII Marqués de Paradas, no murió a manos del “populacho”, ni por afrancesado; murió a manos de soldados y por traidor a su cargo y su país.
Procurador Mayor de Sevilla y Director de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, tan vinculada a la masonería, recibe noticia del levantamiento del Dos de Mayo en Madrid y del fusilamiento de los patriotas, además de la proclama del Alcalde de Móstoles llamando a la guerra contra los franceses. A pesar de ello y de la formación de una Junta en Extremadura, el 14 de mayo, el Conde del Águila, acepta acatar las órdenes de Madrid y reconoce por escrito a Murat como lugarteniente del Rey José I. Instigado el pueblo y los militares, como el cuerpo de artillería, por un personaje conocido con el seudónimo del “Incognito”, de nombre Nicolás Tap o Tapia Núñez, y cansado de ver como no reaccionan las autoridades sevillanas ante la invasión francesa, se dirigen al Hospital de la Sangre, hoy Parlamento de Andalucía, donde está el Conde del Águila con algunas tropas que le apoyan. Capturado, es conducido al Ayuntamiento y de allí vivo es llevado hasta la Puerta de Triana donde estaba la cárcel de los Nobles, allí, sin juicio alguno será muerto por los disparos de los soldados que lo han conducido hasta prisión. Lo cuenta el Historiador Francisco Aguilar Piñal recogiendo diversas fuentes presentes en aquellos instantes. A partir de ahí, se ha montado una burda historia del hombre bueno, el populacho sanguinario y las “caenas”. Falsedad tan burda como la de un Conde del Águila cuyo fantasma pasó de la Magdalena al Cementerio y aun sigue como alma en pena asustando a incautos.
 
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