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ADEPA - Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía

Jue

26

Nov

2015

UNA BELLA HISTORIA DE DON PEDRO DELGADO, CREADOR DE LA TRADICIÓN DE DON JUAN TENORIO. PDF Imprimir E-mail

HOY TRAEMOS UNA BELLA HISTORIA DE DON PEDRO DELGADO, CREADOR DE LA TRADICIÓN DE DON JUAN TENORIO.

La madrugada del 2 de noviembre de 1903, alguien llegó al Teatro del Duque, hoy Comisiones Obreras, antes Iglesia de San Miguel destruida por los "progres" de la Gloriosa, traía una mala noticia, el gran actor Pedro Delgado había muerto en el Hospital de las Cinco Llagas. La representación fue suspendida, actores y público se dirigieron al Hospital, velaron el cadáver toda la noche y con una suscripción pública, apoyada por los periódicos de la mañana, lograron evitar que el cadáver fuera a la fosa común y ponerle en su recuerdo la cruz de la fotografía.
"Vivió días de gloria y tiempos de adversidad", dice su epitafio. 
Nació en Linares y pronto destacó como un extraordinario actor. En la década de los 40 del S.XIX compra un teatro en Madrid y en él va a reestrenar el Don Juan Tenorio de Zorrilla que, tras el éxito inicial, cayó en el olvido. Fue tal el éxito, que de todas las ciudades de España reclamaban a Don Pedro para la representación de Don Juan; otras compañías con menor o mayor éxito siguieron la estela. Don Pedro con la actriz Lamadrid llena esta época del teatro.
Aquí en Sevilla inauguraron el Teatro, hoy cine, Cervantes con una obra de José de Velilla (sí, el del adobo) y Luis Montoto, sus amigos. 
Luego vinieron días de adversidad, el vino fue la causa. Terminó trabajando en circos de mala muerte para burla del público y un día lo encontró Luis Montoto, cerca de la muralla de la Macarena, tendido en el suelo. Don Luis un buen escritor y extraordinaria persona, de su propio peculio lo ingresó en el Hospital de las Cinco Llagas. 
Poco tiempo más tarde moriría ¿casualmente? el mismo día de sus éxitos con Don Juan Tenorio, la noche de los difuntos. El pueblo, la gente sencilla de la calle que algún ilustrado "progre" tildó de populacho dió vida tras la muerte a este romántico personaje.

 

 

Jue

26

Nov

2015

Una lápida en el Cementerio de San Fernando: García Ramos PDF Imprimir E-mail

Una lápida en el Cementerio de San Fernando: García Ramos

El día 2 de abril de 1912 moría el pintor José García y Ramos, interprete fidelísimo de nuestras costumbres populares según reza en la lápida que le dedicó la Real Academia de Bellas Artes y que está situada encima de la ventana de su casa que se asoma a la calle Fernán Caballero.
Tras esa ventana y por encima de la tapia, está el magnolio que otra artista, la escritora Fernán Caballero, plantó en el pequeño jardín que sirvió de marco a las reuniones de la escritora anciana con sus pobres, de los que recogió coplas y cuentos populares que trasladó a sus escritos.
José García Ramos quiso habitar la casa donde la escritora murió poniendo una bellísima lápida en su recuerdo y convirtiendo en luz y color lo que ella había escrito.
El alma popular que Fernán Caballero había desentrañado cobró forma en la pintura de Garcia Ramos.
A su muerte los artistas sevillanos, encabezados por los hermanos Álvarez Quintero, levantaron una preciosa glorieta en los Jardines de Murillo, los últimos años arreglada y nuevamente atacada por los "bárbaros". 
Hoy los restos de José García Ramos yacen en el cementerio de San Fernando cerca de los de su hijo José García Aguilar. Su epitafio es un memorial de su amor por nuestra ciudad "quién en peregrinos lienzos perpetuó con diestros pinceles la luz y la gracia de su tierra natal. La Sevilla de sus amores"
La cancela que cierra su tumba, aparece oxidada y falta de mucho de los elementos. ¿Así paga Sevilla a los que la amaron? ¿Así cumplen las Instituciones sevillanas con el recuerdo de uno de los suyos?
Los que esto escriben,nos comprometemos a acabar con esta vergüenza.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

LOS OLVIDOS DE SEVILLA: JOSÉ DE VELILLA PDF Imprimir E-mail

LOS OLVIDOS DE SEVILLA: JOSÉ DE VELILLA

Junto a la tumba del pintor Jiménez Aranda, una sepultura sin nombre encierra los restos de un poeta que, además de amar a Sevilla profundamente, fue un miembro destacado de la Real Academia de Buenas Letras, del Ateneo de Sevilla y de la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Algunas Instituciones en decadencia es lógico que lo hayan olvidado, pero el Ateneo y sobre todo la Real Academia no deberían mostrar tal ingratitud con un miembro prominente de los suyos. Hace años, iniciamos una campaña para que los restos olvidados del poeta pasaran a la cripta del Panteón de Sevillanos Ilustres, pero no conseguimos recabar los apoyos necesarios. Volveremos a la carga.

José de Velilla, que es el poeta que descansa en la tumba sin nombre, forma parte de una generación extraordinaria de escritores, pintores y músicos que llenan todo el periodo de la Restauración. A sus tertulias asistieron escritores como Luis Montoto, Cano y Cueto, Concepción Estebarena, Adelardo López de Ayala o su hermana Mercedes.

Esta última, que muere en Camas, con el sólo apoyo de otra hermana, y que será objeto de otras de nuestras crónicas, le escribe a la muerte de su hermano el poema que figura al final de estas líneas.

Con una obra suya y de Luis Montoto y teniendo como actor a Pedro Delgado, se inauguró en 1873 el Teatro Cervantes. La revista Blanco y Negro publicó numerosos de sus poemas y cuentos. Sus amigos lo tuvieron, además de cómo un gran escritor, como hombre bueno y desgraciado que no supo superar la muerte de su madre.

Todos los amantes de la Cultura tenemos una deuda con él y un compromiso: dar sepultura digna a sus restos

A LA MEMORIA DE MI HERMANO

Como la amante yedra al mundo asida,
como dos aves juntas en su vuelo,
como lago tranquilo copia el cielo,
mi vida fue reflejo de tu vida.
¿Y has podido partir, alma querida,
dejando sola en infecundo suelo,
la pobre yedra, que en su amargo duelo,
no será por tus brazos sostenida?
¡Ya el muro de mi hogar se ha derrumbado;
ya consiguió la muerte su victoria:
pero es más grande lo que tú has logrado:
que de la muerte triunfa tu memoria,
y es algo de tu ser, que me has dejado,
el destello bendito de tu gloria!
Y este, donde recuerda con gran tristeza, a su amiga

(Mercedes De Velilla)

 

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda PDF Imprimir E-mail

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda

Como en la habanera de Carlos Cano, aunque cambiando Cádiz por Sevilla, la vida de Gertrudis Gómez de Avellaneda se desarrolla entre Cuba y Sevilla en pleno Romanticismo que inunda no sólo sus escritos sino también su vida.

Una vida que corre pareja a la de su amiga y extraordinaria escritora, Fernán Caballero. Dos amores marcaran su juventud y primera madurez, serán los de Ignacio Cepeda, apellido de recuerdos imagineros, y el de otro poeta sevillano, Gabriel García Tassara, del cual quedará embarazada siendo soltera.

A los siete meses de edad moriría esa niña sin que el padre quiera verla ni siquiera para despedirse de ella. Esta circunstancia hace nacer en Gertrudis un primer feminismo junto a una depresión que le lleva a sentirse envejecida con sólo treinta años de edad. A partir de ahí su vida viene marcada por dos casamientos, el último con un militar Domingo Verdugo, que tendrá que batirse por ella completando así el extraordinario romanticismo de la vida de nuestra biografiada.

Nos queda su extraordinaria novela Sab, la primera novela antiesclavista de la historia o magníficos poemas como los que dedicó a la muerte de su primer esposo, "A él", además de su sepultura en nuestro cementerio junto a su marido y hermano.

En algún momento se ha hablado de trasladar sus restos. Tula, el seudónimo que utilizó en sus últimos escritos, debe descansar en tierra española y los poetas sevillanos rendirle cada 1 de febrero un homenaje a su memoria.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA PDF Imprimir E-mail

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA

Corría el año de 1859, cuando el General O'Donell declara la Guerra a Marruecos. Los españoles, a pesar de que a la Guerra sólo irían los que no tenían medios para pagar su sustitución en la milicia, celebraron con enorme alegría esta declaración de guerra. En medio de tantas luchas civiles, tanto Rey felón y tanta “niña” ligera de cascos, España tomaba ínfulas tras un nuevo periodo de depresión. Resurgía el recuerdo de laGuerra de la Independencia y la primera derrota de las tropas napoleónicas. 
Una de las fuerzas que embarcan para Marruecos son los voluntarios catalanes.
El uno de enero de 1860 en Castillejos, pueblo cercano a Ceuta, el General Prim, progresista y masón, arenga a sus voluntarios catalanes con las siguientes palabras: "Soldados, vosotros podéis dejar esas mochilas porque son vuestras, pero esta Bandera es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas. ¿Permitiréis que vuestra Enseña caiga en manos del enemigo? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general? Soldados, ¡viva la Reina!, ¡viva España!".

Cubriéndose con la Bandera, Prim se lanzó con fiereza en medio de las tropas marroquíes. Los jóvenes soldados al ver a su jefe en peligro, gritando como fieras, lo siguieron. El triunfo fue arrollador. El gran escritor granadino, presente en la batalla, Pedro Antonio de Alarcón, mandaría rápidamente la crónica a España, luego recogida en su obra Diario de un Testigo de la Guerra de África.

España entera se conmovió con la heroicidad de Prim y sus jóvenes reclutas.

Se abría la puerta a la toma de Tetuán. Las niñas, en sus juegos, recogerían estas coplas:

Del día seis de febrero 
Nos tenemos que acordar
Que entraron los españoles
En la Plaza de Tetuán.

La plaza de Tánger
La van a tomar
También han tomado
La de Tetuán.

En la Plaza de Tetuán
Hay un caballo de caña,
Cuando el caballo relinche
Entrará el moro en España.

La Plaza de Tánger…

Centinela, centinela,
Centinela del Serrallo
Alerta, alerta, que vienen
Los moritos de a caballo.

La Plaza de Tánger…

La llegada de los heridos a Sevilla, produjo, además de grandes manifestaciones, el apoyo popular con vendas, mantas, comida… El pueblo se volcó en aquellos pobres soldados. Algunos de ellos morirían en la ciudad.
El Alcalde García de Vinuesa quiso dedicar un monumento a estos héroes y encabezó una suscripción popular,. El mármol que, además de los nombres, contiene los símbolos de la Victoria y la fuerza, fue realizado por José Frapolli. Todos los años una corona de laurel recuerda a los héroes de Castillejo.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO PDF Imprimir E-mail

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO

Con este título, el republicano y extraordinario escritor Vicente Blasco Ibáñez, toma como protagonista al héroe de nuestro relato del día: Manuel García Cuesta, “El Espartero”.
Nacido en Sevilla, toma su seudónimo de la profesión de su padre que tenía una espartería en la Plaza de la Alfalfa.
Niño aun, en los ratos que le deja libre la tienda, se introduce en el mundo del toreo, lo que le lleva hasta la cárcel al ser pillado en “corridas” nocturnas por las fincas cercanas a Sevilla. Será una leyenda de la ganadería, Antonio Miura, el que lo sacará de prisión. Actúa como banderillero y a los dieciséis años torea por primera vez en la Plaza de Toros de Guillena.
Por fin, tras cuatro años de novilladas, en 1885, en Sevilla, toma la alternativa que revalidaría en Zalamea la Real con toros de Miura que, como veremos, marcan su vida. El primer año es terrible para “El Espartero”, pisa en varias ocasiones las enfermerías de las plazas, atribuyéndosele la frase “Más Cornadas da el hambre”.
Su valor, la quietud de los pies y la proximidad con que pasaba el toro lo convierten en una figura, compartiendo cartel con Guerrita, Lagartijo o Mazzantini. 
La fama no cambia la personalidad generosa de “El Espartero”, de la que disfrutaban muchos pobres sevillanos. Pero esa generosidad no es su única característica fuera de las plazas de toros, “El Espartero” es el primer torero que se acerca a los intelectuales, que vislumbra el arte más allá del riesgo, pero su extraordinario valor le llevaría a la muerte.
Corría el año de 1894, era un veintisiete de mayo en la Plaza de Toros de Madrid. Allí le aguardaba “Perdigón” de la ganadería de Miura, era colorao y corto de cuernos. Tras una buena faena “El Espartero” lo cuadra para matarlo en el tendido 10 y le entra por segunda vez a matar a volapié. El toro empitona a “El Espartero” por el vientre tras recibir una estocada hasta la bola. Toro y torero quedaran tendidos en el albero, a las cinco y cinco minutos de la tarde “El Espartero” fallecía. 
Tanto en Madrid como en Sevilla el traslado y el entierro movilizaron a miles de personas. “El Espartero” había inscrito su nombre entre los héroes populares.
Las niñas cantaban en las calles de Sevilla:
“Al hijo del Espartero 
lo quieren meter a fraile
pero su madre le dice
torero como su padre”

Dos mujeres vestidas de negro acompañan, entre la multitud, al cadáver, su esposa y su amante. Así lo describe el poeta Fernando Villalón, su amigo, en estos versos:

“Mocitas las de la Alfalfa
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.

Dos viudas, con claveles
negros en el negro pelo.

Negra falda y corbatín 
negro, con un lazo negro
sobre el oro de la manga
La chupa de los toreros.

Ocho caballos llevaba 
el coche del Espartero.”

Su sepultura, una corona de laurel, la que lucían en la frente los héroes griegos y una columna partida cubierta por un velo, la muerte del arte. Y un grito, el de su madre, ¡Hijo del alma!

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía. PDF Imprimir E-mail

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía.

A mediados del S.XIX, el arquitecto guipuzcuano Joaquín Fernández Ayarragaray, el mismo que construye la Casa de las Sirenas para el Marqués de Esquivel y el palacio de los Duques de Montpensier en Sanlúcar de Barrameda, levanta el Panteón del Conde del Águila en el Cementerio San Fernando de Sevilla. A este son trasladados desde la Iglesia de la Magdalena los restos del III Conde del Águila, Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, que fue muerto el 27 de mayo de 1808.
La muerte del III Conde del Águila está rodeada de mitos, confeccionados algunos con un fin político, coincidiendo en ello los invasores franceses, los afrancesados de entonces y los “progres” de hoy.
Según esa visión, la Sevilla inquisitorial, la que se refleja también en la represión franquista, la Sevilla del pueblo que grita “vivan las caenas y abajo el pensamiento” asesinó a un hombre ilustrado “que dió su vida por la libertad frente al oscurantismo dominante” y que detiene acusándolo de afrancesado y lo mata a golpes en “aras de un patriotismo de pandereta”.
Como se ve, al “progre” solo le interesa el pueblo para que le vote, en caso contrario lo convierte en populacho despreciable, igual que cambia la historia y la decora a su gusto. Sería conveniente que en las escuelas españolas se leyera la carta que Jovellanos, hombre, el más ilustrado de los ilustrados, escribe a su amigo Cabarrús negándose a ocupar puesto alguno en la corte del rey José I y defendiendo que la Patria esta en el pueblo.
Don Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, III Conde del Águila y VIII Marqués de Paradas, no murió a manos del “populacho”, ni por afrancesado; murió a manos de soldados y por traidor a su cargo y su país.

 

Procurador Mayor de Sevilla y Director de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, tan vinculada a la masonería, recibe noticia del levantamiento del Dos de Mayo en Madrid y del fusilamiento de los patriotas, además de la proclama del Alcalde de Móstoles llamando a la guerra contra los franceses. A pesar de ello y de la formación de una Junta en Extremadura, el 14 de mayo, el Conde del Águila, acepta acatar las órdenes de Madrid y reconoce por escrito a Murat como lugarteniente del Rey José I.
Instigado el pueblo y los militares, como el cuerpo de artillería, por un personaje conocido con el seudónimo del “Incognito”, de nombre Nicolás Tap o Tapia Núñez, y cansado de ver como no reaccionan las autoridades sevillanas ante la invasión francesa, se dirigen al Hospital de la Sangre, hoy Parlamento de Andalucía, donde está el Conde del Águila con algunas tropas que le apoyan. Capturado, es conducido al Ayuntamiento y de allí vivo es llevado hasta la Puerta de Triana donde estaba la cárcel de los Nobles, allí, sin juicio alguno será muerto por los disparos de los soldados que lo han conducido hasta prisión. Lo cuenta el Historiador Francisco Aguilar Piñal recogiendo diversas fuentes presentes en aquellos instantes. 
A partir de ahí, se ha montado una burda historia del hombre bueno, el populacho sanguinario y las “caenas”. Falsedad tan burda como la de un Conde del Águila cuyo fantasma pasó de la Magdalena al Cementerio y aun sigue como alma en pena asustando a incautos.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

UN PANTEÓN SIN PROPIETARIO PDF Imprimir E-mail

UN PANTEÓN SIN PROPIETARIO

En 1913, llegaba al taller de un todavía joven arquitecto, José Espiau y Muñoz, un señor que se dio a conocer como el Conde de Pradere, venía a encargarle un mausoleo en la zona más noble del Cementerio de San Fernando, para el descanso eterno de su familia y de él.

Dos años más tarde el Panteón está finalizado. Espiau que forma con Anibal González y Juan Talavera el grupo más importante de arquitectos del Regionalismo ha hecho un mausoleo que, según el arquitecto Javier Rodriguez Barberán, es la mejor pieza del Cementerio de estética modernista, siguiendo la corriente creada por un grupo de artista vieneses.

Espiau será el autor de edificios tan notables como el de la adriática en la Avenida de la Constitución, el Hotel Alfonso XIII o los derribados edificios de la calle Santander donde se levanta hoy el botellero de González Cordón.

El autor del encargo, Conde de Pradere, de nombre José Daniel de Carballo y de Prat había nacido en 1885, hijo de Luisa de Prat, Condesa de Pradere y de Daniel de Carballo y Codesilo, miembro de la alta burguesía española, que había participado en la creación del ferrocarril Huelva-Zafra. Una de las tres grandes fuentes de riqueza (la minera, la aceituna y el ferrocarril) en la segunda mitad del S.XIX.

Pocos datos nos quedan del Conde de Pradere, su carrera diplomática, en 1926 lo encontramos en La Haya, la existencia de una hermana Luisa, a la que se siente muy vinculado y su muerte el 21 de abril de 1933, en Madrid, recogida en una necrológica donde se habla de la asistencia de su inmediato pariente Sr. Sánchez Gómez y de Antonio Cabeza de Vaca, Marqués de Portago.

Una vez celebrado el funeral, el féretro fue colocado en la estación , que se incorporó al expreso de Sevilla. En el Cementerio de San Fernando, en el Panteón de la familia, recibió sepultura.

Gracias al Museo del Prado, que con suma diligencia nos pasó los datos, sabemos que en 1934 fruto del testamento de José Daniel, el Conde Jiménez de Molina cedía al Prado una serie de cuadros que estaban en la casa del Conde de Pradere en París, entre ellos un cuadro de Goya, unas copias de Velázquez o el de su madre niña, pintado por Vicente López Portaña.

Hoy, el Ayuntamiento, al no aparecer ningún familiar del Conde y haberse extinguido el título con él, quiere derribar el Panteón por irrecuperable.

¿Quiénes están enterrados junto al Conde de Pradere? En el Cementerio no nos aportan ningún dato. Sus padres y hermana habían vivido y están enterrados en Madird. ¿Qué vincula a este diplomático con nuestra ciudad? ¿Qué historia esconde este enterramiento? ¿Quizás una dama, una historia de amor en París? 
Mañana intentaremos desvelarlo

 

 

 

Mie

25

Nov

2015

UN KRAUSISTA EN EL CEMENTERIO CIVIL: FRANCISCO BARNÉS Y TOMÁS PDF Imprimir E-mail

UN KRAUSISTA EN EL CEMENTERIO CIVIL: FRANCISCO BARNÉS Y TOMÁS

Nada más atravesar el muro abierto que antes separaba el cementerio católico del civil, nos aparece una lápida con esta inscripción:
R.I.P.A. Aquí descansan los restos de Don Francisco J. Barnés y Tomás, Doctor en Teología y Filosofía y letras, Licenciado en Derecho y Catedrático de esta Universidad Literaria. Fue sacerdote católico. Mientras creyó en el dogma, practicó los actos de la Religión con dignidad y escrupuloso respeto; Cuando después de maduro examen y ejercicios continuados de razón, dejó de creer en el orden sobrenatural, (que juzgó fantástico), su carácter sincero no le permitió continuar una vida estéril y farisaica, burlando y explotando la credulidad de las gentes. Prosiguió a la naturaleza, nuestra común madre; contrajo matrimonio con digna mujer; fue padre de familia, cuyos deberes no descuidó un instante y en el trato social con toda clase de personas se ofreció como hombre sin fuero ni privilegio religioso. No creyó en otros milagros que en la instrucción y el trabajo humano. Falleció en la paz de Dios el 5 de marzo de 1892, a los 58 años de edad.
Don Francisco nació en Lorca el 5 de diciembre de 1833, el año de la muerte de Fernando VII, el maléfico Borbón, y de la llegada al trono de su hija Isabel II, entonces con sólo tres años de edad y una madre Regente enamorada de un joven militar.
Su familia procedía de Inglaterra y había llegado a España en tiempo de la Guerra de Sucesión, la que nos dejó a Felipe V como rey y nos robó Gibraltar.
Su infancia y juventud la pasa entre Murcia, Valencia y Madrid estudiando Filosofía y Letras, Derecho y Teología, ordenándose sacerdote y siendo canónigo por poco tiempo. Pero influido tal vez por su maestro Fernando de Castro, al iniciarse la Gloriosa, la revolución democrática que quería crear una España con honra, se casa por lo civil con Adela Salinas Gómez y se convierte en Director del Instituto de Lorca, abandonando el sacerdocio.
En Lorca se adscribió al Krausismo, doctrina que había penetrado en España en los años 50 con origen en la masonería y principios idealistas, traída desde Alemania por Sanz del Rio. 
La filosofía krausista pretendía unir las ideas a una forma de vida, por ello los krausistas abominaban del tabaco y el vino y eran comedidos y austeros en su día a día y en su vestimenta, así en el testamento que redacta Barnés solicita que su cadáver sea amortajado con su traje negro, típico en la indumentaria de los krausistas. En el testamento que se inicia con la frase en el nombre de Dios deja en herencia a sus dos únicos hijos Francisco y Domingo, dos casas en Lorca y de 15.000 a 20.000 pesetas (cantidad importantísima para la época) en valores públicos, fruto todo ello de la austeridad a la que antes nos referíamos. 
El krausismo late también en la frase “ruego y encarezco a mis hijos que jamás tengan desavenencias, ni el menor disgusto entre sí, y les afirmo que me servirá de provecho en la otra vida el amor que se profesen y el bien que hagan en mi nombre.” Como verá el lector los términos en “el nombre de Dios” o en “la otra vida” que Barnés utiliza, demuestra la ignorancia de algún biógrafo, que habla del ateísmo de Barnés. Don Francisco era panteísta, creía en Dios, en la existencia de otra vida y no creía en la Iglesia Católica. Por ello no es de extrañar que, cuando nace su primer hijo lo bautice en la Parroquia de San Martín en Sevilla, con los nombres de Domingo Andrés José de la Santísima Trinidad, figurando el padre como soltero ya que no se daba validez legal al matrimonio civil de la Gloriosa.
Resulta, no obstante, incongruente que no se case por la Iglesia y si bautice a su hijo. 
El triunfo de la Restauración le acerca a un más a la Institución Libre de Enseñanza que había fundado otro krausista, el extraordinario pedagogo Don Francisco Giner de los Ríos. Ha conseguido, por entonces la Cátedra de Historia en la Universidad de Sevilla, en 1880, y allí publica su Historia Universal. Junto a Federico de Castro y el catedrático y fundador del Ateneo, Sales y Ferré, fundará una editorial con el nombre Biblioteca Científico Literaria. El título lleva el sello de las ideas institucionistas: La necesidad de la educación como medio de cambio de la sociedad, una educación con modelo en Inglaterra, que pretende europeizar España. Parten de una visión pesimista de la historia de nuestro país, en la línea de los Quevedo, Cadalso, Larra o la del propio Presidente del Gobierno en aquellos momentos que es Don Antonio Cánovas del Castillo. Así, en el expediente personal de Barnés y Tomás, se encuentra un “Discurso sobre las causas que influyeron en la decadencia a que llegó la Nación en el siglo XVII”.
Ese sentido hipercrítico de la historia española no le influye en advertir los enormes fallos de la Primera República que hizo a muchos españoles abominar de este sistema de gobierno hasta tres generaciones más tarde. Don Francisco mantendrá hasta su muerte su filiación republicana.
Entre 1877 y 1879 nacen sus dos hijos, Francisco y Domingo, que ocuparán el Ministerio de Instrucción Pública en distintos momentos de la II República, Domingo con el Gobierno Radical en el llamado Bienio Negro y Francisco en los gobiernos del Frente Popular y en la Guerra Civil, exiliándose ambos a México y muriendo allí.
Mucho antes, en 1892 su padre había fallecido en Sevilla, solicitando ser enterrado en el cementerio civil. Queda su ejemplo de fidelidad a un modelo de vida y de pensamiento que influyó grandemente en la intelectualidad española del momento, pero que no logró evitar el radicalismo del movimiento obrero, los separatismos de la burguesía catalana y vasca y la ineficacia política de la intelectualidad española que junto al egoísmo burgués nos llevarán a nuestra sangrienta cuarta Guerra Civil.5mayo-tumba-barnestumba barnes

 
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