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ADEPA - Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía

Jue

26

Nov

2015

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda PDF Imprimir E-mail

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda

Como en la habanera de Carlos Cano, aunque cambiando Cádiz por Sevilla, la vida de Gertrudis Gómez de Avellaneda se desarrolla entre Cuba y Sevilla en pleno Romanticismo que inunda no sólo sus escritos sino también su vida.

Una vida que corre pareja a la de su amiga y extraordinaria escritora, Fernán Caballero. Dos amores marcaran su juventud y primera madurez, serán los de Ignacio Cepeda, apellido de recuerdos imagineros, y el de otro poeta sevillano, Gabriel García Tassara, del cual quedará embarazada siendo soltera.

A los siete meses de edad moriría esa niña sin que el padre quiera verla ni siquiera para despedirse de ella. Esta circunstancia hace nacer en Gertrudis un primer feminismo junto a una depresión que le lleva a sentirse envejecida con sólo treinta años de edad. A partir de ahí su vida viene marcada por dos casamientos, el último con un militar Domingo Verdugo, que tendrá que batirse por ella completando así el extraordinario romanticismo de la vida de nuestra biografiada.

Nos queda su extraordinaria novela Sab, la primera novela antiesclavista de la historia o magníficos poemas como los que dedicó a la muerte de su primer esposo, "A él", además de su sepultura en nuestro cementerio junto a su marido y hermano.

En algún momento se ha hablado de trasladar sus restos. Tula, el seudónimo que utilizó en sus últimos escritos, debe descansar en tierra española y los poetas sevillanos rendirle cada 1 de febrero un homenaje a su memoria.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA PDF Imprimir E-mail

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA

Corría el año de 1859, cuando el General O'Donell declara la Guerra a Marruecos. Los españoles, a pesar de que a la Guerra sólo irían los que no tenían medios para pagar su sustitución en la milicia, celebraron con enorme alegría esta declaración de guerra. En medio de tantas luchas civiles, tanto Rey felón y tanta “niña” ligera de cascos, España tomaba ínfulas tras un nuevo periodo de depresión. Resurgía el recuerdo de laGuerra de la Independencia y la primera derrota de las tropas napoleónicas. 
Una de las fuerzas que embarcan para Marruecos son los voluntarios catalanes.
El uno de enero de 1860 en Castillejos, pueblo cercano a Ceuta, el General Prim, progresista y masón, arenga a sus voluntarios catalanes con las siguientes palabras: "Soldados, vosotros podéis dejar esas mochilas porque son vuestras, pero esta Bandera es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas. ¿Permitiréis que vuestra Enseña caiga en manos del enemigo? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general? Soldados, ¡viva la Reina!, ¡viva España!".

Cubriéndose con la Bandera, Prim se lanzó con fiereza en medio de las tropas marroquíes. Los jóvenes soldados al ver a su jefe en peligro, gritando como fieras, lo siguieron. El triunfo fue arrollador. El gran escritor granadino, presente en la batalla, Pedro Antonio de Alarcón, mandaría rápidamente la crónica a España, luego recogida en su obra Diario de un Testigo de la Guerra de África.

España entera se conmovió con la heroicidad de Prim y sus jóvenes reclutas.

Se abría la puerta a la toma de Tetuán. Las niñas, en sus juegos, recogerían estas coplas:

Del día seis de febrero 
Nos tenemos que acordar
Que entraron los españoles
En la Plaza de Tetuán.

La plaza de Tánger
La van a tomar
También han tomado
La de Tetuán.

En la Plaza de Tetuán
Hay un caballo de caña,
Cuando el caballo relinche
Entrará el moro en España.

La Plaza de Tánger…

Centinela, centinela,
Centinela del Serrallo
Alerta, alerta, que vienen
Los moritos de a caballo.

La Plaza de Tánger…

La llegada de los heridos a Sevilla, produjo, además de grandes manifestaciones, el apoyo popular con vendas, mantas, comida… El pueblo se volcó en aquellos pobres soldados. Algunos de ellos morirían en la ciudad.
El Alcalde García de Vinuesa quiso dedicar un monumento a estos héroes y encabezó una suscripción popular,. El mármol que, además de los nombres, contiene los símbolos de la Victoria y la fuerza, fue realizado por José Frapolli. Todos los años una corona de laurel recuerda a los héroes de Castillejo.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO PDF Imprimir E-mail

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO

Con este título, el republicano y extraordinario escritor Vicente Blasco Ibáñez, toma como protagonista al héroe de nuestro relato del día: Manuel García Cuesta, “El Espartero”.
Nacido en Sevilla, toma su seudónimo de la profesión de su padre que tenía una espartería en la Plaza de la Alfalfa.
Niño aun, en los ratos que le deja libre la tienda, se introduce en el mundo del toreo, lo que le lleva hasta la cárcel al ser pillado en “corridas” nocturnas por las fincas cercanas a Sevilla. Será una leyenda de la ganadería, Antonio Miura, el que lo sacará de prisión. Actúa como banderillero y a los dieciséis años torea por primera vez en la Plaza de Toros de Guillena.
Por fin, tras cuatro años de novilladas, en 1885, en Sevilla, toma la alternativa que revalidaría en Zalamea la Real con toros de Miura que, como veremos, marcan su vida. El primer año es terrible para “El Espartero”, pisa en varias ocasiones las enfermerías de las plazas, atribuyéndosele la frase “Más Cornadas da el hambre”.
Su valor, la quietud de los pies y la proximidad con que pasaba el toro lo convierten en una figura, compartiendo cartel con Guerrita, Lagartijo o Mazzantini. 
La fama no cambia la personalidad generosa de “El Espartero”, de la que disfrutaban muchos pobres sevillanos. Pero esa generosidad no es su única característica fuera de las plazas de toros, “El Espartero” es el primer torero que se acerca a los intelectuales, que vislumbra el arte más allá del riesgo, pero su extraordinario valor le llevaría a la muerte.
Corría el año de 1894, era un veintisiete de mayo en la Plaza de Toros de Madrid. Allí le aguardaba “Perdigón” de la ganadería de Miura, era colorao y corto de cuernos. Tras una buena faena “El Espartero” lo cuadra para matarlo en el tendido 10 y le entra por segunda vez a matar a volapié. El toro empitona a “El Espartero” por el vientre tras recibir una estocada hasta la bola. Toro y torero quedaran tendidos en el albero, a las cinco y cinco minutos de la tarde “El Espartero” fallecía. 
Tanto en Madrid como en Sevilla el traslado y el entierro movilizaron a miles de personas. “El Espartero” había inscrito su nombre entre los héroes populares.
Las niñas cantaban en las calles de Sevilla:
“Al hijo del Espartero 
lo quieren meter a fraile
pero su madre le dice
torero como su padre”

Dos mujeres vestidas de negro acompañan, entre la multitud, al cadáver, su esposa y su amante. Así lo describe el poeta Fernando Villalón, su amigo, en estos versos:

“Mocitas las de la Alfalfa
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.

Dos viudas, con claveles
negros en el negro pelo.

Negra falda y corbatín 
negro, con un lazo negro
sobre el oro de la manga
La chupa de los toreros.

Ocho caballos llevaba 
el coche del Espartero.”

Su sepultura, una corona de laurel, la que lucían en la frente los héroes griegos y una columna partida cubierta por un velo, la muerte del arte. Y un grito, el de su madre, ¡Hijo del alma!

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía. PDF Imprimir E-mail

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía.

A mediados del S.XIX, el arquitecto guipuzcuano Joaquín Fernández Ayarragaray, el mismo que construye la Casa de las Sirenas para el Marqués de Esquivel y el palacio de los Duques de Montpensier en Sanlúcar de Barrameda, levanta el Panteón del Conde del Águila en el Cementerio San Fernando de Sevilla. A este son trasladados desde la Iglesia de la Magdalena los restos del III Conde del Águila, Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, que fue muerto el 27 de mayo de 1808.
La muerte del III Conde del Águila está rodeada de mitos, confeccionados algunos con un fin político, coincidiendo en ello los invasores franceses, los afrancesados de entonces y los “progres” de hoy.
Según esa visión, la Sevilla inquisitorial, la que se refleja también en la represión franquista, la Sevilla del pueblo que grita “vivan las caenas y abajo el pensamiento” asesinó a un hombre ilustrado “que dió su vida por la libertad frente al oscurantismo dominante” y que detiene acusándolo de afrancesado y lo mata a golpes en “aras de un patriotismo de pandereta”.
Como se ve, al “progre” solo le interesa el pueblo para que le vote, en caso contrario lo convierte en populacho despreciable, igual que cambia la historia y la decora a su gusto. Sería conveniente que en las escuelas españolas se leyera la carta que Jovellanos, hombre, el más ilustrado de los ilustrados, escribe a su amigo Cabarrús negándose a ocupar puesto alguno en la corte del rey José I y defendiendo que la Patria esta en el pueblo.
Don Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, III Conde del Águila y VIII Marqués de Paradas, no murió a manos del “populacho”, ni por afrancesado; murió a manos de soldados y por traidor a su cargo y su país.

 

Procurador Mayor de Sevilla y Director de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, tan vinculada a la masonería, recibe noticia del levantamiento del Dos de Mayo en Madrid y del fusilamiento de los patriotas, además de la proclama del Alcalde de Móstoles llamando a la guerra contra los franceses. A pesar de ello y de la formación de una Junta en Extremadura, el 14 de mayo, el Conde del Águila, acepta acatar las órdenes de Madrid y reconoce por escrito a Murat como lugarteniente del Rey José I.
Instigado el pueblo y los militares, como el cuerpo de artillería, por un personaje conocido con el seudónimo del “Incognito”, de nombre Nicolás Tap o Tapia Núñez, y cansado de ver como no reaccionan las autoridades sevillanas ante la invasión francesa, se dirigen al Hospital de la Sangre, hoy Parlamento de Andalucía, donde está el Conde del Águila con algunas tropas que le apoyan. Capturado, es conducido al Ayuntamiento y de allí vivo es llevado hasta la Puerta de Triana donde estaba la cárcel de los Nobles, allí, sin juicio alguno será muerto por los disparos de los soldados que lo han conducido hasta prisión. Lo cuenta el Historiador Francisco Aguilar Piñal recogiendo diversas fuentes presentes en aquellos instantes. 
A partir de ahí, se ha montado una burda historia del hombre bueno, el populacho sanguinario y las “caenas”. Falsedad tan burda como la de un Conde del Águila cuyo fantasma pasó de la Magdalena al Cementerio y aun sigue como alma en pena asustando a incautos.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

UN PANTEÓN SIN PROPIETARIO PDF Imprimir E-mail

UN PANTEÓN SIN PROPIETARIO

En 1913, llegaba al taller de un todavía joven arquitecto, José Espiau y Muñoz, un señor que se dio a conocer como el Conde de Pradere, venía a encargarle un mausoleo en la zona más noble del Cementerio de San Fernando, para el descanso eterno de su familia y de él.

Dos años más tarde el Panteón está finalizado. Espiau que forma con Anibal González y Juan Talavera el grupo más importante de arquitectos del Regionalismo ha hecho un mausoleo que, según el arquitecto Javier Rodriguez Barberán, es la mejor pieza del Cementerio de estética modernista, siguiendo la corriente creada por un grupo de artista vieneses.

Espiau será el autor de edificios tan notables como el de la adriática en la Avenida de la Constitución, el Hotel Alfonso XIII o los derribados edificios de la calle Santander donde se levanta hoy el botellero de González Cordón.

El autor del encargo, Conde de Pradere, de nombre José Daniel de Carballo y de Prat había nacido en 1885, hijo de Luisa de Prat, Condesa de Pradere y de Daniel de Carballo y Codesilo, miembro de la alta burguesía española, que había participado en la creación del ferrocarril Huelva-Zafra. Una de las tres grandes fuentes de riqueza (la minera, la aceituna y el ferrocarril) en la segunda mitad del S.XIX.

Pocos datos nos quedan del Conde de Pradere, su carrera diplomática, en 1926 lo encontramos en La Haya, la existencia de una hermana Luisa, a la que se siente muy vinculado y su muerte el 21 de abril de 1933, en Madrid, recogida en una necrológica donde se habla de la asistencia de su inmediato pariente Sr. Sánchez Gómez y de Antonio Cabeza de Vaca, Marqués de Portago.

Una vez celebrado el funeral, el féretro fue colocado en la estación , que se incorporó al expreso de Sevilla. En el Cementerio de San Fernando, en el Panteón de la familia, recibió sepultura.

Gracias al Museo del Prado, que con suma diligencia nos pasó los datos, sabemos que en 1934 fruto del testamento de José Daniel, el Conde Jiménez de Molina cedía al Prado una serie de cuadros que estaban en la casa del Conde de Pradere en París, entre ellos un cuadro de Goya, unas copias de Velázquez o el de su madre niña, pintado por Vicente López Portaña.

Hoy, el Ayuntamiento, al no aparecer ningún familiar del Conde y haberse extinguido el título con él, quiere derribar el Panteón por irrecuperable.

¿Quiénes están enterrados junto al Conde de Pradere? En el Cementerio no nos aportan ningún dato. Sus padres y hermana habían vivido y están enterrados en Madird. ¿Qué vincula a este diplomático con nuestra ciudad? ¿Qué historia esconde este enterramiento? ¿Quizás una dama, una historia de amor en París? 
Mañana intentaremos desvelarlo

 

 

 

Mie

25

Nov

2015

UN KRAUSISTA EN EL CEMENTERIO CIVIL: FRANCISCO BARNÉS Y TOMÁS PDF Imprimir E-mail

UN KRAUSISTA EN EL CEMENTERIO CIVIL: FRANCISCO BARNÉS Y TOMÁS

Nada más atravesar el muro abierto que antes separaba el cementerio católico del civil, nos aparece una lápida con esta inscripción:
R.I.P.A. Aquí descansan los restos de Don Francisco J. Barnés y Tomás, Doctor en Teología y Filosofía y letras, Licenciado en Derecho y Catedrático de esta Universidad Literaria. Fue sacerdote católico. Mientras creyó en el dogma, practicó los actos de la Religión con dignidad y escrupuloso respeto; Cuando después de maduro examen y ejercicios continuados de razón, dejó de creer en el orden sobrenatural, (que juzgó fantástico), su carácter sincero no le permitió continuar una vida estéril y farisaica, burlando y explotando la credulidad de las gentes. Prosiguió a la naturaleza, nuestra común madre; contrajo matrimonio con digna mujer; fue padre de familia, cuyos deberes no descuidó un instante y en el trato social con toda clase de personas se ofreció como hombre sin fuero ni privilegio religioso. No creyó en otros milagros que en la instrucción y el trabajo humano. Falleció en la paz de Dios el 5 de marzo de 1892, a los 58 años de edad.
Don Francisco nació en Lorca el 5 de diciembre de 1833, el año de la muerte de Fernando VII, el maléfico Borbón, y de la llegada al trono de su hija Isabel II, entonces con sólo tres años de edad y una madre Regente enamorada de un joven militar.
Su familia procedía de Inglaterra y había llegado a España en tiempo de la Guerra de Sucesión, la que nos dejó a Felipe V como rey y nos robó Gibraltar.
Su infancia y juventud la pasa entre Murcia, Valencia y Madrid estudiando Filosofía y Letras, Derecho y Teología, ordenándose sacerdote y siendo canónigo por poco tiempo. Pero influido tal vez por su maestro Fernando de Castro, al iniciarse la Gloriosa, la revolución democrática que quería crear una España con honra, se casa por lo civil con Adela Salinas Gómez y se convierte en Director del Instituto de Lorca, abandonando el sacerdocio.
En Lorca se adscribió al Krausismo, doctrina que había penetrado en España en los años 50 con origen en la masonería y principios idealistas, traída desde Alemania por Sanz del Rio. 
La filosofía krausista pretendía unir las ideas a una forma de vida, por ello los krausistas abominaban del tabaco y el vino y eran comedidos y austeros en su día a día y en su vestimenta, así en el testamento que redacta Barnés solicita que su cadáver sea amortajado con su traje negro, típico en la indumentaria de los krausistas. En el testamento que se inicia con la frase en el nombre de Dios deja en herencia a sus dos únicos hijos Francisco y Domingo, dos casas en Lorca y de 15.000 a 20.000 pesetas (cantidad importantísima para la época) en valores públicos, fruto todo ello de la austeridad a la que antes nos referíamos. 
El krausismo late también en la frase “ruego y encarezco a mis hijos que jamás tengan desavenencias, ni el menor disgusto entre sí, y les afirmo que me servirá de provecho en la otra vida el amor que se profesen y el bien que hagan en mi nombre.” Como verá el lector los términos en “el nombre de Dios” o en “la otra vida” que Barnés utiliza, demuestra la ignorancia de algún biógrafo, que habla del ateísmo de Barnés. Don Francisco era panteísta, creía en Dios, en la existencia de otra vida y no creía en la Iglesia Católica. Por ello no es de extrañar que, cuando nace su primer hijo lo bautice en la Parroquia de San Martín en Sevilla, con los nombres de Domingo Andrés José de la Santísima Trinidad, figurando el padre como soltero ya que no se daba validez legal al matrimonio civil de la Gloriosa.
Resulta, no obstante, incongruente que no se case por la Iglesia y si bautice a su hijo. 
El triunfo de la Restauración le acerca a un más a la Institución Libre de Enseñanza que había fundado otro krausista, el extraordinario pedagogo Don Francisco Giner de los Ríos. Ha conseguido, por entonces la Cátedra de Historia en la Universidad de Sevilla, en 1880, y allí publica su Historia Universal. Junto a Federico de Castro y el catedrático y fundador del Ateneo, Sales y Ferré, fundará una editorial con el nombre Biblioteca Científico Literaria. El título lleva el sello de las ideas institucionistas: La necesidad de la educación como medio de cambio de la sociedad, una educación con modelo en Inglaterra, que pretende europeizar España. Parten de una visión pesimista de la historia de nuestro país, en la línea de los Quevedo, Cadalso, Larra o la del propio Presidente del Gobierno en aquellos momentos que es Don Antonio Cánovas del Castillo. Así, en el expediente personal de Barnés y Tomás, se encuentra un “Discurso sobre las causas que influyeron en la decadencia a que llegó la Nación en el siglo XVII”.
Ese sentido hipercrítico de la historia española no le influye en advertir los enormes fallos de la Primera República que hizo a muchos españoles abominar de este sistema de gobierno hasta tres generaciones más tarde. Don Francisco mantendrá hasta su muerte su filiación republicana.
Entre 1877 y 1879 nacen sus dos hijos, Francisco y Domingo, que ocuparán el Ministerio de Instrucción Pública en distintos momentos de la II República, Domingo con el Gobierno Radical en el llamado Bienio Negro y Francisco en los gobiernos del Frente Popular y en la Guerra Civil, exiliándose ambos a México y muriendo allí.
Mucho antes, en 1892 su padre había fallecido en Sevilla, solicitando ser enterrado en el cementerio civil. Queda su ejemplo de fidelidad a un modelo de vida y de pensamiento que influyó grandemente en la intelectualidad española del momento, pero que no logró evitar el radicalismo del movimiento obrero, los separatismos de la burguesía catalana y vasca y la ineficacia política de la intelectualidad española que junto al egoísmo burgués nos llevarán a nuestra sangrienta cuarta Guerra Civil.5mayo-tumba-barnestumba barnes

 

Mie

25

Nov

2015

ANÍBAL GONZÁLEZ: EL ARQUITECTO DE LA GRACIA PDF Imprimir E-mail

ANÍBAL GONZÁLEZ: EL ARQUITECTO DE LA GRACIA

En 1929, antes de que se inaugurara la exposición Iberoamericana a la que tanto había contribuido, moría el arquitecto Aníbal González.
Su entierro fue el de un torero, un héroe, miles de personas llenaron las calles de Sevilla para acompañarlo a su última morada. Sin duda aquel hombre había penetrado con su arquitectura en el alma popular. Acompañándole, sus dos grandes rivales y compañeros Espiau y Talavera (la trilogía del arte), ambos regalaran a su muerte una casa a la mujer de Aníbal, Ana Gómez Millán, hija de José Gómez Otero uno de los primeros arquitectos que con ese nombre tuvo la ciudad. Aníbal a pesar de su fama y de sus obras, no había dejado herencia, de ahí el rasgo de sus compañeros.
La Sevilla en la que ve la primera luz el arquitecto en 1876, la Sevilla de la Restauración, era una ciudad de tertulias, la del Duque T’Searcles, la de la casa de Velilla, la de Luis Montoto. La Sevilla que asiste a la inauguración del Teatro Cervantes y que vela los restos del Espartero. La Sevilla donde Rodríguez Marín resucita el alma del Quijote como ideal de la regeneración que sueña para Sevilla y España: honrada y con futuro.
Aníbal González marcha a estudiar a Madrid la carrera de arquitectura con poco dinero, muchos sueños y más gastos en libros que en zapatos. La universidad, a diferencia con la de hoy, es un mundo en ebullición con diferentes visiones arquitectónicas, ello le permitirá aceptar las nuevas tendencias, pero también dejarse influir por los sueños políticos regeneracionistas del momento. En 1900 llega a Sevilla siendo el primero de su promoción, mientras triunfa el modernismo con la obra de la Joyería Reyes.
La ciudad arquitectónicamente presenta una relativa homogeneidad. La mayoría de las casas son de una sola planta, como en los barrios de San Julián, San Luis o Triana. La burguesía habita en casa de dos o tres plantas construidas en los siglos XVIII o XIX con uno o dos patios, muros gruesos y habitaciones alrededor de los mismos. Ha crecido el número de casas de pisos con sus arcos rebajados en ventanas, balcones y cierres de gusto romántico. Palacios y antiguos conventos se han convertido, en muchos casos, en corrales de vecinos. Todo ello en una ciudad de calles estrechas y tortuosas 
Aníbal González, junto con otros compañeros, va a traer un aire fresco y renovador a la arquitectura con su modernismo, produciendo un cierto rechazo inicial que pronto se convertirá en aceptación total. Así el desaparecido Café París (la estupidez y la especulación van siempre cogidas de la mano) o Alfonso XII 27 y 29, dos magníficos edificios, uno de ellos recogidos en nuestra páginas de Twitter (@adepasevillahca) de comercios con estilo. Un apoyo fundamental para Aníbal González, en este etapa, será el de su familiar Luca de Tena.
En 1909 las ideas regeneracionistas sevillanas se concretan por José Luis Rodríguez Casso en la celebración de una gran exposición Hispanoamericana con un triple fin: la unión de las regiones españolas frente al separatismo (el sueño de Joaquín Costa, Lucas Mallada o Almirall), la unión Ibérica e Hispanoamericana, es decir la integración frente a los independentismos, y la demostración de la fuerza de nuestra cultura y nuestra economía.
La idea de José Luis Rodríguez Casso la hace suya el Ayuntamiento, que convoca en 1911 un concurso de ideas sobre los edificios de esta magna exposición que gana Aníbal González. Una premisa era que la arquitectura reflejara la idiosincrasia y la historia de nuestro país, así se ponía como condición, que no se utilizaran formulas modernistas.
Aníbal González acepta las bases porque ideológicamente comulga con ellas. En sus escritos rechazará la tendencia que hoy domina en el urbanismo sevillano de calles rectas, anchas, igualación de altura y alineaciones y analogía de huecos.
En 1915 el Congreso Nacional de Arquitectos de España, celebrado en San Sebastián, publica una ponencia titulada “Orientaciones sobre el resurgir nacional”, en ella se pone como ejemplo al Ayuntamiento de Sevilla y su concurso. Se comenta, además, la necesidad (hoy absolutamente olvidada) de adaptar la arquitectura al clima y al carácter de los habitantes y celebra la unión entre arquitectura e ideología. 
Iniciada la construcción de la Plaza de España y la Plaza de América, Aníbal González aprueba algunos ensanches que parte de la población no aceptó de buen grado, como los de la Campana, la Puerta Jerez o la Avenida de la Constitución. Sin embargo, será esta última un canto a la arquitectura ecléctica de Juan Talavera en el neobarroco de la Telefónica, de los Gómez Millán en el Coliseo, de Espiau en la esquina de la Adriática, y de Aníbal González con la casa de esquina a García de Vinuesa.
En todas ellas se produce una recuperación, con extraordinarios resultados, de la artesanía del hierro, la cerámica, la madera...creando escuelas que trabajaran para toda España en lo que se llamará el estilo Sevillano. Un estilo que se completa en la jardinería con las obras que Forestier está haciendo en el Parque de María Luisa. Miles de obrero acudirán a nuestra ciudad y se especializarán en estas artes.
Pero la Exposición Iberoamericana no solo le traerá grandes éxitos a Aníbal González, sino también problemas. En 1920, en el trienio bolchevique, unos asesinos que se llaman anarquistas disparan a Aníbal González a quemarropa aunque fallan en su intento de matarle. Sevilla entera apoyó al arquitecto frente a los terroristas. En 1927 su incompatibilidad con Cruz Conde le lleva a la dimisión. Dos años más tarde, cuando había sido nombrado presidente del Ateneo, fallece.
Alejandro Guichot dirá de él y de sus compañeros que fue la segunda gran generación artística de Sevilla. Los hermanos Álvarez Quintero, además de destacar su carácter afable, bondadoso y humilde, dirán que era el arquitecto del color y de la gracia y que sus obras parecía estar perfumadasAníbal González Álvarez-Ossorio 1296823091044377512274190 1005717059471210 719822731097295833 npiqueta18

 

Mie

25

Nov

2015

ANTONIO ILLANES: UNA HERENCIA PERDIDA PDF Imprimir E-mail

ANTONIO ILLANES: UNA HERENCIA PERDIDA

La calle desaparecida:
Érase una vez…
No, ya no podréis verla.
Se la llevaron los cuervos
Con su mala sombra,
Los desalmados
Los tristes
Los que cambiaron
La delgadez de su aire,
Su cielo y sus palomas
Por treinta amargas monedas
y hacer su cielo irrespirable.

No, ya no podréis verla
.
Se la llevó un agua oscura
Por las riberas del río,
Buscando su alma antigua
En la soledad del viento.

No, ya no podréis verla
Más que en el llanto
De un sueño.

Los versos del gran poeta de la generación del 27, Manuel Díez Crespo, coinciden con el comentario del protagonista de este relato, Antonio Illanes Rodríguez, en su Sevilla y yo, cuando encuentra en “el Jueves” un folleto de 1873 con el proyecto de construir una estación de ferrocarriles en el Patio de Banderas y tras arrasar el barrio de Santa Cruz, sacarlo por la Puerta de la Carne. 
Illanes se alegra de que este proyecto no se llevara a cabo, como nosotros nos alegramos del fracaso de otro que pensaba convertir todo el Arenal en una enorme plaza, confeccionado por unos de los considerados introductores de la modernidad en Sevilla (otras destrucciones no se han podido evitar, como la del barrio de San Julián, que llegó a conocer Illanes o el de San Luis que afortunadamente, para él, no presenció)
Hay toda una generación de sevillanos que cubre la primera mitad del Siglo XX, conocedores de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 y la arquitectura regionalista, los cuales a pesar de dolerse de algunos ensanches y destrucciones, comulgan y disfrutan de una ciudad a la que sin embargo temen perder por obra, como bien dice Díez Crespo, de los tristes, los hermanos de la Cofradía de la Destrucción.
Illanes vivió ese tiempo de esperanza. Nació en 1901 en Umbrete, de una familia de labradores ricos; a él, sin embargo, le llama el arte a pesar de que la madre le avisa del hambre que amenaza a los artistas. Tiene como maestro a Francisco Marcos en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla. Terminados sus estudios, pasa años difíciles hasta que en 1929, tras años de fracasos, consigue un extraordinario éxito con la imagen del Cristo de la Lanzada, esplendidez barroca en su gubia. Ello le abriría las puertas para trabajar en la Exposición Iberoamericana de 1929 y recibir una medalla del Rey por su obra.
En ese tiempo, en la Casa de los Artistas de la calle Feria tuvo su taller. Por esta Casa han pasado Zuloaga, García ramos, Bacarisas, Rico Cejudo, su compañero Echegoyán, y otros poetas, anticuarios o maestros de bailes como Juan Pericet. 
Nada queda del recuerdo de éstos en la Casa, nada de las caballerizas o las cocheras. Hoy, propiedad del Ayuntamiento, sirve de geriátrico a la Fundación Gerón. ¡Cosas veredes! 
Una beca le permite marchar a París con los artistas Echegoyán y Cantarero, visitando estudios y museos que según el propio Illanes, salvo el museo Rodín, nada le aporta. Vuelve a Sevilla, pero decide embarcarse en la aventura que siempre había soñado, América. Illanes había bebido de aquellos sueños que pululaban por la Sevilla de los años 10 y 20 de Unidad Ibérica, de unión espiritual y material con Hispanoamérica. Visitará Centroamérica, Venezuela, pero ante la falta de ambiente artístico regresa a Sevilla. No obstante, nunca cambiará su amor por lo hispánico. Años más tarde y esta vez con gran éxito recorrerá Brasil, Argentina, Uruguay. Como cuenta Illanes, todas las fatigas pasadas quedaron recompensadas.
La Guerra Civil y las destrucciones que le acompañaron van a facilitar su trabajo como imaginero: el Cristo de las Aguas, con el que conseguiría una medalla nacional; el Nazareno de las Penas, al que añadió en 1963 la figura del Cirineo; el Cristo de la Victoria y la bellísima Virgen de la Paz para el Porvenir o la Virgen de las Tristezas para la cofradía de la Veracruz. Son años de éxito donde Antonio Illanes comparte estudio en Sevilla y Madrid. 
En su obra “El Nuevo Estudio” describe el sitio donde creó la mayor parte de su obra: “Es la vivienda soñada por un poeta, pequeñita y sevillana, de una sola planta, antiquísima, quizás del tiempo de los moros; campanilla monacal en la puerta, verdes rejas en las ventanas que horadan los gruesos muros y soportan solamente la techumbre; encima, aprisionadas por los altos paredones que le cercan, las tejas suspirando cielos…arriates plantados y abundantes macetas y tiestos con flores olorosas de la tierra. 
Sus justas medidas tiene mi taller. En lugar supremo, la imprescindible chimenea con pétrico friso cincelado por el Maestro Echegoyán; gran cristalera por donde entra abundosa y reverberante la luz del septentrión.”
Allí el bohemio poeta, Florencio Quintero, fundador de las Noches del Baratillo, visitaba de vez en vez al escultor dando desaforados gritos “¡los pueblos deberían estar gobernados sólo por los poetas!¡ Así anda Sevilla, como yo, con los tacones torcidos! ¡Estoy canino! ¡Préstame dos reales!”
Allí, el que esto escribe leyó sus primeros poemas de juventud entre mucho tinto y poco pescao frito, conociendo la esplendidez del sevillano Illanes.
Un día, cuando compartía el tiempo con otros artistas, llegó Rico Cejudo que abriendo los brazos le gritaba: “¡Siete mil duros, como siete mil soles me dan unos indianos para que les pinte dos cuadros!”.
Cuenta el gran periodista Manuel Olmedo, que terminaron todos en un coche de caballos recogiendo a chicas de la vida en la Alameda
En 1967, su amor por Sevilla y por la poesía le lleva a comprar la Venta de los Gatos. Esa, a la que hoy Cultura, el Alcalde y la ciudad dan la espalda, salvo algunos locos románticos.
El dos de mayo de 1976 este nuevo Quijote moría.
Lo avisó Illanes, la casa que él tanto amó, la vivienda soñada, ha desaparecido. Los herederos del artista le han fallado. Sólo una lápida recuerda lo que fue el amor de su vida, junto al otro, la bellísima mujer de ojos verdes que tantas veces le sirvió de modelo. Su esposa Isabel Salcedo. Vencieron con su mala sombra los cuervos, los desalmados, los tristes.
Permitidme que termine con un nuevo verso de su amigo poeta Díez Crespo:
¡Volver a encontrarte!
¿Dónde?
¿En esa luz?
¿En esa cal viva?
¿En esa esquina
De sombra?
¿En ese vuelo de paloma?

¡Volver a encontrarte!
¿Dónde?
¿En el brillo de esa palma?
¡Ay,
Ya no podré encontrarte,
Más que dentro
De mi alma!

 

 

 

Mie

25

Nov

2015

UN GUERRILLERO EN EL CADALSO: EL CORONEL MÁRQUEZ PDF Imprimir E-mail

UN GUERRILLERO EN EL CADALSO: EL CORONEL MÁRQUEZ

Mientras algunos españoles, los “progres” afrancesados, pretextando el bienestar de España y su progreso, apoyaban la ocupación de España por los franceses, los asesinatos del que llamaban populacho y la destrucción terrible de su Patrimonio movida por el odio a nuestro pasado (es curioso como la tomaron los franceses con los símbolos de los reinados de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II y sus derrotas en Ceriñola, Pavía y San Quintín, véase la destrucción de la sepultura del Gran Capitán o de Don Benito Arias Montano), otros, decidieron tomar las armas contra los gabachos.
Uno de ellos era Don Bernardo Márquez, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos, al cual encontramos en 1810 actuando como guerrillero y atacando Baza, abandonada por una parte del ejército francés que buscaba castigar las 700 cabezas de ganado que los guerrilleros le habían quitado, condenándolos al hambre. En Baza, aprovechando la salida, causaron más de cuarenta bajas al ejército imperial, aunque tuvieron que salir huyendo tras el ataque. El apoyo del “populacho” era fundamental, así más de trescientos jinetes franceses fueron atacados en el puerto de Oria obligándoles a huir y dejando 27 bajas.
Firme partidario de la Constitución de Cádiz, la que nos daba libertad a todos los españoles e igualdad ante la ley, suprimiendo los privilegios tributarios y judiciales de la nobleza y el clero, aceptó de mala gana la llegada de Fernando VII. Pronto formaría parte de la oposición al Régimen tiránico del Borbón. Esta oposición a la tiranía le llevaría en la llamada Década Ominosa a formar parte en 1829, cuando el Régimen Absolutista va dando pasos a un gobierno tecnocrático, como la Asistencia de José María Arjona en Sevilla, tan productiva para la ciudad, a formar parte de una junta revolucionaria que pretendía algo tan tímido como que el Rey cumpliera con lo que prometió en 1814 a su llegada a España, un gobierno moderado.
De la Junta forma parte Santiago Vicente García, antiguo afrancesado, que usaba el nombre de guerra de Francisco Vázquez. Las delaciones de este traidor van a ser decisivas para acabar con la Junta sevillana y con Don Bernardo Márquez, entonces Coronel de Caballería, en la cárcel.
Se presiona al Coronel para que delate al resto de los miembros, para que aporte documentación a cambio de su libertad. El Coronel se niega a facilitar ningún dato. 
Fernando VII, enfermo y en los últimos momentos de su vida, sin heredero varón y con dos niñas que según la Ley Sálica no podrían reinar en España, busca acuerdos y rebajar la presión sobre los liberales. A Bernardo Márquez se le pide que haga una relación aunque sea falsa para salvar su vida; el Coronel se niega, su honor le impide traicionar aunque sea falsamente.
El 9 de marzo de 1832, un año antes de la muerte del Rey y el fin de su tiranía, D. Bernardo Márquez es llevado al Cadalso en la Plaza de San Francisco. Son las primeras horas de la mañana, el pueblo se muestra absolutamente contrario al ajusticiamiento de un militar apreciado por su valor y que además, para afrentarlo, se le va a dar muerte en la horca en vez de por fusilamiento como correspondía a su cargo, y salvo algún curioso nadie asiste a la ejecución.
Los compañeros de armas, a la llegada al patíbulo de Don Bernardo entero y con la frente alta, deciden dar la espalda al tablado en señal de considerarlo absolutamente contrario a sus principios.
La muerte del heroico guerrillero fue la última que Sevilla inmoló a las ideas liberales.
Treinta años más tarde una suscripción popular, levantaría este monumento en recuerdo de un hombre que debería darse a conocer en las escuelas sevillanas para formar a nuestra niñez y juventud en los principios que a él le inspiraron: Amor a la Patria, a la Libertad y al Honor.

 

 

 
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