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ADEPA - Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía

Mie

25

Nov

2015

ANÍBAL GONZÁLEZ: EL ARQUITECTO DE LA GRACIA PDF Imprimir E-mail

ANÍBAL GONZÁLEZ: EL ARQUITECTO DE LA GRACIA

En 1929, antes de que se inaugurara la exposición Iberoamericana a la que tanto había contribuido, moría el arquitecto Aníbal González.
Su entierro fue el de un torero, un héroe, miles de personas llenaron las calles de Sevilla para acompañarlo a su última morada. Sin duda aquel hombre había penetrado con su arquitectura en el alma popular. Acompañándole, sus dos grandes rivales y compañeros Espiau y Talavera (la trilogía del arte), ambos regalaran a su muerte una casa a la mujer de Aníbal, Ana Gómez Millán, hija de José Gómez Otero uno de los primeros arquitectos que con ese nombre tuvo la ciudad. Aníbal a pesar de su fama y de sus obras, no había dejado herencia, de ahí el rasgo de sus compañeros.
La Sevilla en la que ve la primera luz el arquitecto en 1876, la Sevilla de la Restauración, era una ciudad de tertulias, la del Duque T’Searcles, la de la casa de Velilla, la de Luis Montoto. La Sevilla que asiste a la inauguración del Teatro Cervantes y que vela los restos del Espartero. La Sevilla donde Rodríguez Marín resucita el alma del Quijote como ideal de la regeneración que sueña para Sevilla y España: honrada y con futuro.
Aníbal González marcha a estudiar a Madrid la carrera de arquitectura con poco dinero, muchos sueños y más gastos en libros que en zapatos. La universidad, a diferencia con la de hoy, es un mundo en ebullición con diferentes visiones arquitectónicas, ello le permitirá aceptar las nuevas tendencias, pero también dejarse influir por los sueños políticos regeneracionistas del momento. En 1900 llega a Sevilla siendo el primero de su promoción, mientras triunfa el modernismo con la obra de la Joyería Reyes.
La ciudad arquitectónicamente presenta una relativa homogeneidad. La mayoría de las casas son de una sola planta, como en los barrios de San Julián, San Luis o Triana. La burguesía habita en casa de dos o tres plantas construidas en los siglos XVIII o XIX con uno o dos patios, muros gruesos y habitaciones alrededor de los mismos. Ha crecido el número de casas de pisos con sus arcos rebajados en ventanas, balcones y cierres de gusto romántico. Palacios y antiguos conventos se han convertido, en muchos casos, en corrales de vecinos. Todo ello en una ciudad de calles estrechas y tortuosas 
Aníbal González, junto con otros compañeros, va a traer un aire fresco y renovador a la arquitectura con su modernismo, produciendo un cierto rechazo inicial que pronto se convertirá en aceptación total. Así el desaparecido Café París (la estupidez y la especulación van siempre cogidas de la mano) o Alfonso XII 27 y 29, dos magníficos edificios, uno de ellos recogidos en nuestra páginas de Twitter (@adepasevillahca) de comercios con estilo. Un apoyo fundamental para Aníbal González, en este etapa, será el de su familiar Luca de Tena.
En 1909 las ideas regeneracionistas sevillanas se concretan por José Luis Rodríguez Casso en la celebración de una gran exposición Hispanoamericana con un triple fin: la unión de las regiones españolas frente al separatismo (el sueño de Joaquín Costa, Lucas Mallada o Almirall), la unión Ibérica e Hispanoamericana, es decir la integración frente a los independentismos, y la demostración de la fuerza de nuestra cultura y nuestra economía.
La idea de José Luis Rodríguez Casso la hace suya el Ayuntamiento, que convoca en 1911 un concurso de ideas sobre los edificios de esta magna exposición que gana Aníbal González. Una premisa era que la arquitectura reflejara la idiosincrasia y la historia de nuestro país, así se ponía como condición, que no se utilizaran formulas modernistas.
Aníbal González acepta las bases porque ideológicamente comulga con ellas. En sus escritos rechazará la tendencia que hoy domina en el urbanismo sevillano de calles rectas, anchas, igualación de altura y alineaciones y analogía de huecos.
En 1915 el Congreso Nacional de Arquitectos de España, celebrado en San Sebastián, publica una ponencia titulada “Orientaciones sobre el resurgir nacional”, en ella se pone como ejemplo al Ayuntamiento de Sevilla y su concurso. Se comenta, además, la necesidad (hoy absolutamente olvidada) de adaptar la arquitectura al clima y al carácter de los habitantes y celebra la unión entre arquitectura e ideología. 
Iniciada la construcción de la Plaza de España y la Plaza de América, Aníbal González aprueba algunos ensanches que parte de la población no aceptó de buen grado, como los de la Campana, la Puerta Jerez o la Avenida de la Constitución. Sin embargo, será esta última un canto a la arquitectura ecléctica de Juan Talavera en el neobarroco de la Telefónica, de los Gómez Millán en el Coliseo, de Espiau en la esquina de la Adriática, y de Aníbal González con la casa de esquina a García de Vinuesa.
En todas ellas se produce una recuperación, con extraordinarios resultados, de la artesanía del hierro, la cerámica, la madera...creando escuelas que trabajaran para toda España en lo que se llamará el estilo Sevillano. Un estilo que se completa en la jardinería con las obras que Forestier está haciendo en el Parque de María Luisa. Miles de obrero acudirán a nuestra ciudad y se especializarán en estas artes.
Pero la Exposición Iberoamericana no solo le traerá grandes éxitos a Aníbal González, sino también problemas. En 1920, en el trienio bolchevique, unos asesinos que se llaman anarquistas disparan a Aníbal González a quemarropa aunque fallan en su intento de matarle. Sevilla entera apoyó al arquitecto frente a los terroristas. En 1927 su incompatibilidad con Cruz Conde le lleva a la dimisión. Dos años más tarde, cuando había sido nombrado presidente del Ateneo, fallece.
Alejandro Guichot dirá de él y de sus compañeros que fue la segunda gran generación artística de Sevilla. Los hermanos Álvarez Quintero, además de destacar su carácter afable, bondadoso y humilde, dirán que era el arquitecto del color y de la gracia y que sus obras parecía estar perfumadasAníbal González Álvarez-Ossorio 1296823091044377512274190 1005717059471210 719822731097295833 npiqueta18

 

Mie

25

Nov

2015

ANTONIO ILLANES: UNA HERENCIA PERDIDA PDF Imprimir E-mail

ANTONIO ILLANES: UNA HERENCIA PERDIDA

La calle desaparecida:
Érase una vez…
No, ya no podréis verla.
Se la llevaron los cuervos
Con su mala sombra,
Los desalmados
Los tristes
Los que cambiaron
La delgadez de su aire,
Su cielo y sus palomas
Por treinta amargas monedas
y hacer su cielo irrespirable.

No, ya no podréis verla
.
Se la llevó un agua oscura
Por las riberas del río,
Buscando su alma antigua
En la soledad del viento.

No, ya no podréis verla
Más que en el llanto
De un sueño.

Los versos del gran poeta de la generación del 27, Manuel Díez Crespo, coinciden con el comentario del protagonista de este relato, Antonio Illanes Rodríguez, en su Sevilla y yo, cuando encuentra en “el Jueves” un folleto de 1873 con el proyecto de construir una estación de ferrocarriles en el Patio de Banderas y tras arrasar el barrio de Santa Cruz, sacarlo por la Puerta de la Carne. 
Illanes se alegra de que este proyecto no se llevara a cabo, como nosotros nos alegramos del fracaso de otro que pensaba convertir todo el Arenal en una enorme plaza, confeccionado por unos de los considerados introductores de la modernidad en Sevilla (otras destrucciones no se han podido evitar, como la del barrio de San Julián, que llegó a conocer Illanes o el de San Luis que afortunadamente, para él, no presenció)
Hay toda una generación de sevillanos que cubre la primera mitad del Siglo XX, conocedores de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 y la arquitectura regionalista, los cuales a pesar de dolerse de algunos ensanches y destrucciones, comulgan y disfrutan de una ciudad a la que sin embargo temen perder por obra, como bien dice Díez Crespo, de los tristes, los hermanos de la Cofradía de la Destrucción.
Illanes vivió ese tiempo de esperanza. Nació en 1901 en Umbrete, de una familia de labradores ricos; a él, sin embargo, le llama el arte a pesar de que la madre le avisa del hambre que amenaza a los artistas. Tiene como maestro a Francisco Marcos en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla. Terminados sus estudios, pasa años difíciles hasta que en 1929, tras años de fracasos, consigue un extraordinario éxito con la imagen del Cristo de la Lanzada, esplendidez barroca en su gubia. Ello le abriría las puertas para trabajar en la Exposición Iberoamericana de 1929 y recibir una medalla del Rey por su obra.
En ese tiempo, en la Casa de los Artistas de la calle Feria tuvo su taller. Por esta Casa han pasado Zuloaga, García ramos, Bacarisas, Rico Cejudo, su compañero Echegoyán, y otros poetas, anticuarios o maestros de bailes como Juan Pericet. 
Nada queda del recuerdo de éstos en la Casa, nada de las caballerizas o las cocheras. Hoy, propiedad del Ayuntamiento, sirve de geriátrico a la Fundación Gerón. ¡Cosas veredes! 
Una beca le permite marchar a París con los artistas Echegoyán y Cantarero, visitando estudios y museos que según el propio Illanes, salvo el museo Rodín, nada le aporta. Vuelve a Sevilla, pero decide embarcarse en la aventura que siempre había soñado, América. Illanes había bebido de aquellos sueños que pululaban por la Sevilla de los años 10 y 20 de Unidad Ibérica, de unión espiritual y material con Hispanoamérica. Visitará Centroamérica, Venezuela, pero ante la falta de ambiente artístico regresa a Sevilla. No obstante, nunca cambiará su amor por lo hispánico. Años más tarde y esta vez con gran éxito recorrerá Brasil, Argentina, Uruguay. Como cuenta Illanes, todas las fatigas pasadas quedaron recompensadas.
La Guerra Civil y las destrucciones que le acompañaron van a facilitar su trabajo como imaginero: el Cristo de las Aguas, con el que conseguiría una medalla nacional; el Nazareno de las Penas, al que añadió en 1963 la figura del Cirineo; el Cristo de la Victoria y la bellísima Virgen de la Paz para el Porvenir o la Virgen de las Tristezas para la cofradía de la Veracruz. Son años de éxito donde Antonio Illanes comparte estudio en Sevilla y Madrid. 
En su obra “El Nuevo Estudio” describe el sitio donde creó la mayor parte de su obra: “Es la vivienda soñada por un poeta, pequeñita y sevillana, de una sola planta, antiquísima, quizás del tiempo de los moros; campanilla monacal en la puerta, verdes rejas en las ventanas que horadan los gruesos muros y soportan solamente la techumbre; encima, aprisionadas por los altos paredones que le cercan, las tejas suspirando cielos…arriates plantados y abundantes macetas y tiestos con flores olorosas de la tierra. 
Sus justas medidas tiene mi taller. En lugar supremo, la imprescindible chimenea con pétrico friso cincelado por el Maestro Echegoyán; gran cristalera por donde entra abundosa y reverberante la luz del septentrión.”
Allí el bohemio poeta, Florencio Quintero, fundador de las Noches del Baratillo, visitaba de vez en vez al escultor dando desaforados gritos “¡los pueblos deberían estar gobernados sólo por los poetas!¡ Así anda Sevilla, como yo, con los tacones torcidos! ¡Estoy canino! ¡Préstame dos reales!”
Allí, el que esto escribe leyó sus primeros poemas de juventud entre mucho tinto y poco pescao frito, conociendo la esplendidez del sevillano Illanes.
Un día, cuando compartía el tiempo con otros artistas, llegó Rico Cejudo que abriendo los brazos le gritaba: “¡Siete mil duros, como siete mil soles me dan unos indianos para que les pinte dos cuadros!”.
Cuenta el gran periodista Manuel Olmedo, que terminaron todos en un coche de caballos recogiendo a chicas de la vida en la Alameda
En 1967, su amor por Sevilla y por la poesía le lleva a comprar la Venta de los Gatos. Esa, a la que hoy Cultura, el Alcalde y la ciudad dan la espalda, salvo algunos locos románticos.
El dos de mayo de 1976 este nuevo Quijote moría.
Lo avisó Illanes, la casa que él tanto amó, la vivienda soñada, ha desaparecido. Los herederos del artista le han fallado. Sólo una lápida recuerda lo que fue el amor de su vida, junto al otro, la bellísima mujer de ojos verdes que tantas veces le sirvió de modelo. Su esposa Isabel Salcedo. Vencieron con su mala sombra los cuervos, los desalmados, los tristes.
Permitidme que termine con un nuevo verso de su amigo poeta Díez Crespo:
¡Volver a encontrarte!
¿Dónde?
¿En esa luz?
¿En esa cal viva?
¿En esa esquina
De sombra?
¿En ese vuelo de paloma?

¡Volver a encontrarte!
¿Dónde?
¿En el brillo de esa palma?
¡Ay,
Ya no podré encontrarte,
Más que dentro
De mi alma!

 

 

 

Mie

25

Nov

2015

UN GUERRILLERO EN EL CADALSO: EL CORONEL MÁRQUEZ PDF Imprimir E-mail

UN GUERRILLERO EN EL CADALSO: EL CORONEL MÁRQUEZ

Mientras algunos españoles, los “progres” afrancesados, pretextando el bienestar de España y su progreso, apoyaban la ocupación de España por los franceses, los asesinatos del que llamaban populacho y la destrucción terrible de su Patrimonio movida por el odio a nuestro pasado (es curioso como la tomaron los franceses con los símbolos de los reinados de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II y sus derrotas en Ceriñola, Pavía y San Quintín, véase la destrucción de la sepultura del Gran Capitán o de Don Benito Arias Montano), otros, decidieron tomar las armas contra los gabachos.
Uno de ellos era Don Bernardo Márquez, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos, al cual encontramos en 1810 actuando como guerrillero y atacando Baza, abandonada por una parte del ejército francés que buscaba castigar las 700 cabezas de ganado que los guerrilleros le habían quitado, condenándolos al hambre. En Baza, aprovechando la salida, causaron más de cuarenta bajas al ejército imperial, aunque tuvieron que salir huyendo tras el ataque. El apoyo del “populacho” era fundamental, así más de trescientos jinetes franceses fueron atacados en el puerto de Oria obligándoles a huir y dejando 27 bajas.
Firme partidario de la Constitución de Cádiz, la que nos daba libertad a todos los españoles e igualdad ante la ley, suprimiendo los privilegios tributarios y judiciales de la nobleza y el clero, aceptó de mala gana la llegada de Fernando VII. Pronto formaría parte de la oposición al Régimen tiránico del Borbón. Esta oposición a la tiranía le llevaría en la llamada Década Ominosa a formar parte en 1829, cuando el Régimen Absolutista va dando pasos a un gobierno tecnocrático, como la Asistencia de José María Arjona en Sevilla, tan productiva para la ciudad, a formar parte de una junta revolucionaria que pretendía algo tan tímido como que el Rey cumpliera con lo que prometió en 1814 a su llegada a España, un gobierno moderado.
De la Junta forma parte Santiago Vicente García, antiguo afrancesado, que usaba el nombre de guerra de Francisco Vázquez. Las delaciones de este traidor van a ser decisivas para acabar con la Junta sevillana y con Don Bernardo Márquez, entonces Coronel de Caballería, en la cárcel.
Se presiona al Coronel para que delate al resto de los miembros, para que aporte documentación a cambio de su libertad. El Coronel se niega a facilitar ningún dato. 
Fernando VII, enfermo y en los últimos momentos de su vida, sin heredero varón y con dos niñas que según la Ley Sálica no podrían reinar en España, busca acuerdos y rebajar la presión sobre los liberales. A Bernardo Márquez se le pide que haga una relación aunque sea falsa para salvar su vida; el Coronel se niega, su honor le impide traicionar aunque sea falsamente.
El 9 de marzo de 1832, un año antes de la muerte del Rey y el fin de su tiranía, D. Bernardo Márquez es llevado al Cadalso en la Plaza de San Francisco. Son las primeras horas de la mañana, el pueblo se muestra absolutamente contrario al ajusticiamiento de un militar apreciado por su valor y que además, para afrentarlo, se le va a dar muerte en la horca en vez de por fusilamiento como correspondía a su cargo, y salvo algún curioso nadie asiste a la ejecución.
Los compañeros de armas, a la llegada al patíbulo de Don Bernardo entero y con la frente alta, deciden dar la espalda al tablado en señal de considerarlo absolutamente contrario a sus principios.
La muerte del heroico guerrillero fue la última que Sevilla inmoló a las ideas liberales.
Treinta años más tarde una suscripción popular, levantaría este monumento en recuerdo de un hombre que debería darse a conocer en las escuelas sevillanas para formar a nuestra niñez y juventud en los principios que a él le inspiraron: Amor a la Patria, a la Libertad y al Honor.

 

 

 

Mie

25

Nov

2015

LUZ CHAVITA PDF Imprimir E-mail

Luz Chavita, era la primera estrella de su arte en el teatro de la ópera cómica de París (¡qué buen día para hacer desde estas páginas, un pequeño homenaje a los políticos, medios de comunicación y al pueblo francés, tan distintos de los políticos, medios de comunicación y el pueblo español en similares circunstancias!). 
Un día se acordó de su bella Andalucía y solicitó una licencia indefinida de los directores de su teatro. Le hicieron brillantes ofrecimientos para que continuase, nada escuchó.
Durante años se buscan y se venden las tarjetas postales con su retrato, cuando París suele olvidar pronto todo.
Nació, Luz Chavita, en 1880, en Jerez, pero su patria es Sevilla, donde aprendió a bailar en la Academia de Baile de flamenco que dirigía una muy célebre bailarina “La Macarrona”. El príncipe de Gales, cuando venía a Sevilla, visitaba esta academia y la de Silverio a la entrada de la C/ Amor de Dios, por La Campana, a mano derecha.
A los catorce años, era maestra en su arte y siendo pobre su familia se decidió a abandonar Sevilla e ir a París, donde el género flamenco gustaba mucho. Entre otros teatro pasaría por el Folies-Bergere. Posteriormente hizo una excursión por Europa, visitando Londres, Berlín, Viena…dejando recuerdos de ramos de flores, regalos y príncipes enamorados.
Ella todo lo ahorraba, sostuvo a su padre desde que empezó a trabajar hasta que este murió; y luego a su anciana madre y numerosos hermanos. Su pasión era Sevilla y aquí compró una casa en la calle Santa Clara, que luego vendería para comprar otra mejor en la calle de Goyoneta (antigua calle de La Sopa).
La fortuna que hizo no sólo le permitió comprar estas viviendas, sino que la convirtió en accionista de una Banca de París y latifundista, al comprar una finca de labor cerca de Jerez donde se proponía hacer una marca de vino a la que pondría su nombre, Luz Chavita.
Alta, cuerpo escultural, espléndida cabellera negra, ojos también negros, profundos y provocadores; sus andares, sin embargo, eran majestuosos y tranquilos. En la escena tenía la gracia más exquisita y el estilo más perfecto. 
Así describe a Luz Chavita el gran escritor sevillano, Genaro Cavestany. Un libro “El eco de la memoria” editado por Libros con Duende S.L. recoge esta historia.
Y nuestros lectores dirán: ¿qué tiene esto que ver con el Conde de Pradere del artículo de ayer?
Corría el año de 1905 cuando el Conde de Pradere, segundo secretario de la embajada y gentil hombre de la cámara del Rey, presentaba a Genaro Cavestany la hermosa actriz. Es el Conde de Pradere quien ayuda en todo momento a la bailarina y la introduce en la alta sociedad parisina después de haber recibido una recomendación de un amigo de Sevilla que a través de carta le presentaba a Luz Chavita.
Aquí en Sevilla, Luz Chavita y el Conde de Pradere volverían a encontrarse en numerosas ocasiones. ¿Hubo una historia de amor imposible entre ellos? ¿Las diferencias sociales impidieron el matrimonio? ¿Está Luz Chavita enterrada en el Panteón del Conde de Pradere?
Esta historia debe tener una final que intentaremos desvelar si Dios nos lo permite.


 

 

 

Lun

16

Mar

2015

LA TRINIDAD COMIENZA A VER LA LUZ PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA / 15/3/2015

ANTONIO DELGADO-ROIG

La histórica fábrica de vidrios de La Trinidad comienza a ver la luz, aunque lentamente. El nuevo plan especial aprobado para la zona podría comenzar a desarrollarse en el año 2016. Aunque parezca una fecha lejana, sí es positivo que al menos se vislumbre su recuperación para la ciudad dado que la fábrica cesó su actividad en 1999 y desde entonces lo único que ha hecho es deteriorarse hasta el abandono más absoluto y ser cobijo de gente sin casa.

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Vie

13

Mar

2015

LOS BAÑOS DE LA REINA MORA NO ESTARÁN ANTES DEL VERANO DE 2016 PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALICÍA / 12/3/2015

CÉSAR RUFINO

Después de dos días de críticas «injustificadas» por parte de la oposición municipal –PSOE e IU– a la cesión de los Baños de la Reina Mora a la hermandad de la Vera-Cruz, a su hermano mayor, José de Cristóbal, le ha parecido que ya está bien y ha dicho que lo que les han hecho «no es un favor, sino un engorro». Y con un añadido: que «contra lo que ha dicho el alcalde, que venía hablando de que esto estaría listo probablemente ya para el verano, la reapertura, como mínimo y si todo va bien y no hay obstrucción, será como pronto para el verano del año que viene».

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Vie

13

Mar

2015

LA CARTUJA SE LA JUEGA EN LAS ELECCIONES PDF Imprimir E-mail

CORREO DE ANDALUCÍA / 12/3/2015

JOSÉ GALLEGO ESPINA

La isla de la Cartuja formó parte de todos los programas electorales en las pasadas elecciones municipales. Sin embargo, cuatro años después, el antiguo recinto de la Expo 92 no parece haber experimentado muchos cambios. De hecho, en algunos de los problemas que parecían ya resueltos, como la recuperación del Jardín Americano y los Jardines del Guadalquivir, se han desandado los avances conseguidos años atrás.

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13

Mar

2015

UNA JOVEN SE INCULPA ANTE EL JUEZ POR LA OCUPACIÓN DE SAN LUIS PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 12/3/2015

M.J. PEREIRA

La joven de 26 años C. I. A. se ha autoinculpado ante el Juzgado de Instrucción 17 de Sevilla como miembro de la asamblea que gestiona el Centro Social Okupado Autogestionado (CSOA)«Endanza», creado en febrero de 2014 en las naves de la calle San Luis, un suelo que hoy es propiedad de la Sareb, más conocido como«banco Malo». «La joven se ha autoinculpado de la ocupación de ese espacio, mientras que otras cien personas han presentado escritos ante ese juzgado admitiendo que no han participado en la ocupación pero sí son usuarios de ese centro», según Juanjo Martín, miembro del grupo de apoyo a ese CSOA.

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Vie

13

Mar

2015

LOS PIRINEOS LLEGABAN A TORNEO PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 13/3/2015

FRANCISCO CORREAL

MAÑANA se celebra un nuevo aniversario, pero se va a hacer por todo lo alto. El 14 de marzo de 1809, después de muchas vicisitudes, el coronel Mariano Gil de Bernabé, el único militar de tierra que yace en el Panteón de Marinos Ilustres de Cádiz, llega a Sevilla huyendo del cerco francés y restituye en el patio de San Laureano el Colegio de Artillería que había fundado en Segovia. Volverá a sonar el himno de Artillería compuesto en 1914 por dos militares y adoptado por buena parte de las Artillerías de Hispanoamérica. 

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