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ADEPA - Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía

Jue

03

Dic

2015

El Cementerio de San Fernando, Punto Final. PDF Imprimir E-mail

En este último artículo dedicado al Cementerio de San Fernando, queremos hacer un repaso general a la situación del mismo.

 En el año 2002, es decir hace 14 años, la periodista María José Carmona titulaba un artículo "Goteras en la última morada". Además de fotografiar el estado de diversas tumbas, muchas propiedad del Ayuntamiento, María José se quejaba de la dejadez de familiares y la pasividad municipal que alentaba la creciente degradación del cementerio. Igualmente, lo hacía, Carlos Colón que titulaba su artículo "La vergüenza del cementerio" hablando de nichos en ruina y con basuras en su interior, paredes desconchadas y aglomeraciones, y terminaba diciendo "La Sevilla de los muertos se parece a la de los vivos, porque la gobiernan los mismos" 

¿Ha cambiado la situación en los últimos años con otros gobiernos?. El 2 de noviembre de 2011, la periodista Pilar García decía en un recuadro "Suciedad en el camposanto. Cubas y papeleras con restos de flores y basura se abrían al paso del visitante, junto a hileras de nichos vacíos y en abandono"

Poco antes en octubre, Amalia Fernández Lérida, se hacía eco del robo de una lápida de bronce de 200 kg en el cementerio. El Ayuntamiento respondía diciendo que estaba ultimando un Plan de Seguridad cuyas medidas aun no había desvelado pero que pondrá en marcha según la disponibilidad presupuestaria.(¿Alguien tiene noticias del plan?)

En este año, los que hemos acudido al cementerio, hemos seguido presenciando el espectáculo denigrante de un cementerio mal conservado, mientras continúan las denuncias de robos. ¿Será que no  ingresa suficiente dinero el cementerio para mantener sus gastos y cubrir con dignidad sus funciones? ¿No se han triplicado los ingresos en los últimos años esquilmando los bolsillos de los sevillanos? ¿Nadie, ni trabajadores, ni ayuntamiento quieren explicarnos las cuentas del cementerio? 

Pero, por otra parte, loslincesde nuestros concejales se percataron hace mucho tiempo del valor patrimonial e histórico que encierra el único cementerio público sevillano.

En el año 2005, María Dolores Alvarado escribía un artículo alabatorio sobre las actuaciones que iba a emprender el Ayuntamiento de manos de la entonces Delegada de Salud, Cristina Vega. El Jefe del Servicio del cementerio, José Antonio Infiesta, hablaba de crear un recorrido por las vías principales del cementerio y dotarlo de señalizaciones que informaran sobre las personas que ahí descansan y la arquitectura y escultura del cementerio, hasta se pretendía traer los restos de Luis Cernuda y Antonio Machado.

Diez años más tarde, nos resultan como mínimo jocosas las promesas reflejadas en el artículo. Por el contrario la misma María Dolores Alvarado,  en otro artículo del mismo día, escribía sobre el abandono del Panteón del Conde de Pradere, del que hemos hablado anteriormente, achacando el mal estado de este panteón a la inexistencia de familiares. Hay que recordar que es una obra interesantísima del arquitecto sevillano Espiaú y que iba a ser una parte fundamental en el recorrido turístico de la zona. Diez años más tarde el panteón del Conde de Pradere está en un estado absolutamente ruinoso, ¿no debe velar el Ayuntamiento por su Patrimonio? ¿Es que no tiene dinero el cementerio para conservar una obra de la categoría de este panteón? 

En el 2007, el Alcalde Monteseirín con dinero del cementerio, mientras dejaba en estado de abandono el conjunto monumental, se gastaba una buena parte de los ingresos en construir las "catenarias", es decir la estructura de hierro que se levanta a la entrada del cementerio y que contrasta negativísimamente con la rotonda decimonónica en la que se encuentra. Pero no queda ahí la cosa, en el 2009, el mismo Alcalde con el dinero que su compañero de partido y Presidente Sr. Rodríguez Zapatero destinó a los fondos anti crisis, para paliar el drama del paro,  construía “el mausoleo de los poetas”, un adefesio junto a la tumba del Gallo, que seis años más tarde sigue sin albergar ningún muerto y que  es el mudo testimonio de los caprichos y el mal uso del dinero público por los políticos en Sevilla, mientras se destruye el Patrimonio y se pierde, no se sabe por que alcantarilla nuestros impuestos.

Esperemos que, no olvidando, manteniendo viva la memoria de estas actuaciones, podamos algún día regenerar la vida política de esta ciudad y hacer del Cementerio de San Fernando, un bello libro donde se recoja la historia de nuestro pasado, como familias, como ciudad y como nación.

 

 

Jue

26

Nov

2015

José Claro: Pepete III PDF Imprimir E-mail

 

José Claro: Pepete III

Una sencilla tumba con la cruz que la preside partida y abandono y suciedad reinando sobre toda ella, nos recuerda una gran tragedia: la muerte del torero Pepete en la Plaza de Toros de Murcia. Algo de su personalidad está en la frase que completa la inscripción "fue modelo de hijo y hermano cariñoso".

José Gallego Mateo, que era su nombre, cambió este por el de José Claro, haciendo honor al mote tanto de su abuelo como de su padre: "Los Claros".

Era vecino de la Puerta de la Carne. Había nacido el 19 de marzo de 1883 y de ahí su nombre. Aunque hizo su aprendizaje de herrero, se inició en el arte de torear en el matadero cercano, como muchos niños y jóvenes de la zona, con las reses que pronto serían sacrificadas. Luego, fue a tientas en las ganaderías y a las capeas de las ferias de los pueblos.

Por fin, en 1904, era invitado a torear en la Plaza de Sevilla en un calurosísimo mes de julio, que no lo sería tanto ya que de las tres corridas que toreó, una la hizo el día 24. Su actuación fue recibida por los sevillanos con enorme interés. Tenía, decían, más valor que el Espartero. En las paredes se escribía “El rey de los toreros es Pepete”, “Ni un torero tiene más….. que Pepete” y hasta coplas hablaban de su valor, afirmando que Pepete al viajar ocupaba dos vagones siendo uno para la generalidad de su cuerpo y otro especial para los distintivos de su masculinidad.

Tras actuar en Madrid, toma la alternativa en Sevilla en 1905. Al día siguiente, vuelve a torear y tuvo tal éxito que la multitud lo cargó en hombros y así lo llevo desde la Plaza de Toros hasta su domicilio en la Puerta de la Carne.

Pero aquel extraordinario valor produjo, como pasa siempre en el mundo de los toros, una división de opiniones; decían unos que Pepete estaba cuajado, que era el torero que toreaba más cerca y más parado y el que mejor entraba a matar y daba estocadas más hondas y completas. Argumentaban los adversarios, que Pepete era un torero valiente, ignorantísimo y torpón y la mayor demostración eran las numerosas cogidas, algunas de extrema gravedad, en distintos momentos de las faenas.

Así llegamos al 7 de septiembre de 1910, en ese día Bombita y Machaquito debían lidiar toros de Parladé. Bombita cae enfermo y pide a Pepete que lo sustituya, por motivos de dinero Pepete se había negado a torear esa corrida, pero acepta la petición del compañero. Alguien hablaría de sino, de fatalidad.

Antes de comenzar la corrida, el diestro ha mandado un telegrama a su familia, en él podía leerse: “Sin novedad”

El primer toro, por nombre “Estudiante”, era negro. Al acudir al caballo sale rebotado. Pepete va a recogerlo para que vuelva a entrar, pero con tan mala suerte que tropieza con el toro que le clava un asta en la ingle. Pepete cayó. Mientras lo llevan a la enfermería grita “me muero, madre mía” y dice a su mozo de espadas “no me dejes Manuel que me muera, que lástima, no duro ni dos minutos. Te quedas sin matador. Toma estos besos para mi mare y mis hermanas”. La última frase que se le escuchó fue “¡Ay mare mía! ¿Qué vas a hacer ahora con esas doce bocas?”

Su cadáver amortajado fue colocado en el centro de la enfermería, entre cuatro cirios y sobre un paño negro.

Como en un drama literario, mientras Pepete agonizaba y moría, Machaquito conseguía un enorme éxito con los seis toros. El público aplaudía a rabiar.

Enterada la plaza de la muerte, hasta las dos de la madrugada el gentío desfilaba ante el cadáver. A Machaquito tuvieron que arrancarlo a viva fuerza de junto al compañero, pues tenía que torear al día siguiente.

Hubo polémica, el mozo de espadas de Pepete acusa de la muerte a los médicos “¡Que infamia! Murió sin curarle y se desangró. Los médicos, enseguida que le vieron, se marcharon a continuar viendo la corrida y me quedé solo en la enfermería”. Parece que el comentario fue más producto del dolor, que de la realidad.

Al día siguiente, tras ser embalsamado, fue trasladado en un furgón de tren a Sevilla, aquí le esperaba, dos días más tarde toda la ciudad y sobre todo su madre y sus hermanos. El cadáver fue llevado hasta el Cementerio de San Fernando a hombros de los muchos pobres que Pepete ayudaba de todo el entorno de San Bernardo y la Puerta de la Carne y tras ellos, como describe el cronista, el pueblo sevillano vestido de luto. Ni en los entierros de Espartero, Reverte o Montes se había visto tanta concurrencia.

Muchos años más tarde, en 1927, Juan Manuel Rodríguez Ojeda reformó un traje del torero para saya de la Virgen del Refugio de San Bernardo, Hermandad a la que había pertenecido José Claro “Pepete”, como antes Costillares o Curro Cúchares.

Una historia dramática que nos habla de los jóvenes sevillanos que habitaban los insalubres corrales de vecinos de la zona y que no veían otra luz para su vida, que la del toreo. El dinero, la fama, pero también la ayuda a los vecinos, sacar a los padres y hermanos de la miseria, eran sus objetivos. “Más cornás da el hambre” ¿Qué diferencia había entre morir en Cuba, Filipinas o Marruecos o morir en una plaza de toros en los cuernos de una bestia? La muerte la misma, la fortuna absolutamente distinta.

Pepete arriesgaba la vida hasta la temeridad, porque la vida de los pobres valía muy poco en esa Sevilla que necesitaba regenerarse, pero que todavía no había encontrado la clase dirigente que supiera hacerlo.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

UNA BELLA HISTORIA DE DON PEDRO DELGADO, CREADOR DE LA TRADICIÓN DE DON JUAN TENORIO. PDF Imprimir E-mail

HOY TRAEMOS UNA BELLA HISTORIA DE DON PEDRO DELGADO, CREADOR DE LA TRADICIÓN DE DON JUAN TENORIO.

La madrugada del 2 de noviembre de 1903, alguien llegó al Teatro del Duque, hoy Comisiones Obreras, antes Iglesia de San Miguel destruida por los "progres" de la Gloriosa, traía una mala noticia, el gran actor Pedro Delgado había muerto en el Hospital de las Cinco Llagas. La representación fue suspendida, actores y público se dirigieron al Hospital, velaron el cadáver toda la noche y con una suscripción pública, apoyada por los periódicos de la mañana, lograron evitar que el cadáver fuera a la fosa común y ponerle en su recuerdo la cruz de la fotografía.
"Vivió días de gloria y tiempos de adversidad", dice su epitafio. 
Nació en Linares y pronto destacó como un extraordinario actor. En la década de los 40 del S.XIX compra un teatro en Madrid y en él va a reestrenar el Don Juan Tenorio de Zorrilla que, tras el éxito inicial, cayó en el olvido. Fue tal el éxito, que de todas las ciudades de España reclamaban a Don Pedro para la representación de Don Juan; otras compañías con menor o mayor éxito siguieron la estela. Don Pedro con la actriz Lamadrid llena esta época del teatro.
Aquí en Sevilla inauguraron el Teatro, hoy cine, Cervantes con una obra de José de Velilla (sí, el del adobo) y Luis Montoto, sus amigos. 
Luego vinieron días de adversidad, el vino fue la causa. Terminó trabajando en circos de mala muerte para burla del público y un día lo encontró Luis Montoto, cerca de la muralla de la Macarena, tendido en el suelo. Don Luis un buen escritor y extraordinaria persona, de su propio peculio lo ingresó en el Hospital de las Cinco Llagas. 
Poco tiempo más tarde moriría ¿casualmente? el mismo día de sus éxitos con Don Juan Tenorio, la noche de los difuntos. El pueblo, la gente sencilla de la calle que algún ilustrado "progre" tildó de populacho dió vida tras la muerte a este romántico personaje.

 

 

Jue

26

Nov

2015

Una lápida en el Cementerio de San Fernando: García Ramos PDF Imprimir E-mail

Una lápida en el Cementerio de San Fernando: García Ramos

El día 2 de abril de 1912 moría el pintor José García y Ramos, interprete fidelísimo de nuestras costumbres populares según reza en la lápida que le dedicó la Real Academia de Bellas Artes y que está situada encima de la ventana de su casa que se asoma a la calle Fernán Caballero.
Tras esa ventana y por encima de la tapia, está el magnolio que otra artista, la escritora Fernán Caballero, plantó en el pequeño jardín que sirvió de marco a las reuniones de la escritora anciana con sus pobres, de los que recogió coplas y cuentos populares que trasladó a sus escritos.
José García Ramos quiso habitar la casa donde la escritora murió poniendo una bellísima lápida en su recuerdo y convirtiendo en luz y color lo que ella había escrito.
El alma popular que Fernán Caballero había desentrañado cobró forma en la pintura de Garcia Ramos.
A su muerte los artistas sevillanos, encabezados por los hermanos Álvarez Quintero, levantaron una preciosa glorieta en los Jardines de Murillo, los últimos años arreglada y nuevamente atacada por los "bárbaros". 
Hoy los restos de José García Ramos yacen en el cementerio de San Fernando cerca de los de su hijo José García Aguilar. Su epitafio es un memorial de su amor por nuestra ciudad "quién en peregrinos lienzos perpetuó con diestros pinceles la luz y la gracia de su tierra natal. La Sevilla de sus amores"
La cancela que cierra su tumba, aparece oxidada y falta de mucho de los elementos. ¿Así paga Sevilla a los que la amaron? ¿Así cumplen las Instituciones sevillanas con el recuerdo de uno de los suyos?
Los que esto escriben,nos comprometemos a acabar con esta vergüenza.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

LOS OLVIDOS DE SEVILLA: JOSÉ DE VELILLA PDF Imprimir E-mail

LOS OLVIDOS DE SEVILLA: JOSÉ DE VELILLA

Junto a la tumba del pintor Jiménez Aranda, una sepultura sin nombre encierra los restos de un poeta que, además de amar a Sevilla profundamente, fue un miembro destacado de la Real Academia de Buenas Letras, del Ateneo de Sevilla y de la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Algunas Instituciones en decadencia es lógico que lo hayan olvidado, pero el Ateneo y sobre todo la Real Academia no deberían mostrar tal ingratitud con un miembro prominente de los suyos. Hace años, iniciamos una campaña para que los restos olvidados del poeta pasaran a la cripta del Panteón de Sevillanos Ilustres, pero no conseguimos recabar los apoyos necesarios. Volveremos a la carga.

José de Velilla, que es el poeta que descansa en la tumba sin nombre, forma parte de una generación extraordinaria de escritores, pintores y músicos que llenan todo el periodo de la Restauración. A sus tertulias asistieron escritores como Luis Montoto, Cano y Cueto, Concepción Estebarena, Adelardo López de Ayala o su hermana Mercedes.

Esta última, que muere en Camas, con el sólo apoyo de otra hermana, y que será objeto de otras de nuestras crónicas, le escribe a la muerte de su hermano el poema que figura al final de estas líneas.

Con una obra suya y de Luis Montoto y teniendo como actor a Pedro Delgado, se inauguró en 1873 el Teatro Cervantes. La revista Blanco y Negro publicó numerosos de sus poemas y cuentos. Sus amigos lo tuvieron, además de cómo un gran escritor, como hombre bueno y desgraciado que no supo superar la muerte de su madre.

Todos los amantes de la Cultura tenemos una deuda con él y un compromiso: dar sepultura digna a sus restos

A LA MEMORIA DE MI HERMANO

Como la amante yedra al mundo asida,
como dos aves juntas en su vuelo,
como lago tranquilo copia el cielo,
mi vida fue reflejo de tu vida.
¿Y has podido partir, alma querida,
dejando sola en infecundo suelo,
la pobre yedra, que en su amargo duelo,
no será por tus brazos sostenida?
¡Ya el muro de mi hogar se ha derrumbado;
ya consiguió la muerte su victoria:
pero es más grande lo que tú has logrado:
que de la muerte triunfa tu memoria,
y es algo de tu ser, que me has dejado,
el destello bendito de tu gloria!
Y este, donde recuerda con gran tristeza, a su amiga

(Mercedes De Velilla)

 

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda PDF Imprimir E-mail

Entre Cuba y Sevilla: Gertrudis Gómez de Avellaneda

Como en la habanera de Carlos Cano, aunque cambiando Cádiz por Sevilla, la vida de Gertrudis Gómez de Avellaneda se desarrolla entre Cuba y Sevilla en pleno Romanticismo que inunda no sólo sus escritos sino también su vida.

Una vida que corre pareja a la de su amiga y extraordinaria escritora, Fernán Caballero. Dos amores marcaran su juventud y primera madurez, serán los de Ignacio Cepeda, apellido de recuerdos imagineros, y el de otro poeta sevillano, Gabriel García Tassara, del cual quedará embarazada siendo soltera.

A los siete meses de edad moriría esa niña sin que el padre quiera verla ni siquiera para despedirse de ella. Esta circunstancia hace nacer en Gertrudis un primer feminismo junto a una depresión que le lleva a sentirse envejecida con sólo treinta años de edad. A partir de ahí su vida viene marcada por dos casamientos, el último con un militar Domingo Verdugo, que tendrá que batirse por ella completando así el extraordinario romanticismo de la vida de nuestra biografiada.

Nos queda su extraordinaria novela Sab, la primera novela antiesclavista de la historia o magníficos poemas como los que dedicó a la muerte de su primer esposo, "A él", además de su sepultura en nuestro cementerio junto a su marido y hermano.

En algún momento se ha hablado de trasladar sus restos. Tula, el seudónimo que utilizó en sus últimos escritos, debe descansar en tierra española y los poetas sevillanos rendirle cada 1 de febrero un homenaje a su memoria.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA PDF Imprimir E-mail

MEMORIA DE UNOS VALIENTES: PRIM Y LA GUERRA DE ÁFRICA

Corría el año de 1859, cuando el General O'Donell declara la Guerra a Marruecos. Los españoles, a pesar de que a la Guerra sólo irían los que no tenían medios para pagar su sustitución en la milicia, celebraron con enorme alegría esta declaración de guerra. En medio de tantas luchas civiles, tanto Rey felón y tanta “niña” ligera de cascos, España tomaba ínfulas tras un nuevo periodo de depresión. Resurgía el recuerdo de laGuerra de la Independencia y la primera derrota de las tropas napoleónicas. 
Una de las fuerzas que embarcan para Marruecos son los voluntarios catalanes.
El uno de enero de 1860 en Castillejos, pueblo cercano a Ceuta, el General Prim, progresista y masón, arenga a sus voluntarios catalanes con las siguientes palabras: "Soldados, vosotros podéis dejar esas mochilas porque son vuestras, pero esta Bandera es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas. ¿Permitiréis que vuestra Enseña caiga en manos del enemigo? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general? Soldados, ¡viva la Reina!, ¡viva España!".

Cubriéndose con la Bandera, Prim se lanzó con fiereza en medio de las tropas marroquíes. Los jóvenes soldados al ver a su jefe en peligro, gritando como fieras, lo siguieron. El triunfo fue arrollador. El gran escritor granadino, presente en la batalla, Pedro Antonio de Alarcón, mandaría rápidamente la crónica a España, luego recogida en su obra Diario de un Testigo de la Guerra de África.

España entera se conmovió con la heroicidad de Prim y sus jóvenes reclutas.

Se abría la puerta a la toma de Tetuán. Las niñas, en sus juegos, recogerían estas coplas:

Del día seis de febrero 
Nos tenemos que acordar
Que entraron los españoles
En la Plaza de Tetuán.

La plaza de Tánger
La van a tomar
También han tomado
La de Tetuán.

En la Plaza de Tetuán
Hay un caballo de caña,
Cuando el caballo relinche
Entrará el moro en España.

La Plaza de Tánger…

Centinela, centinela,
Centinela del Serrallo
Alerta, alerta, que vienen
Los moritos de a caballo.

La Plaza de Tánger…

La llegada de los heridos a Sevilla, produjo, además de grandes manifestaciones, el apoyo popular con vendas, mantas, comida… El pueblo se volcó en aquellos pobres soldados. Algunos de ellos morirían en la ciudad.
El Alcalde García de Vinuesa quiso dedicar un monumento a estos héroes y encabezó una suscripción popular,. El mármol que, además de los nombres, contiene los símbolos de la Victoria y la fuerza, fue realizado por José Frapolli. Todos los años una corona de laurel recuerda a los héroes de Castillejo.

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO PDF Imprimir E-mail

SANGRE Y ARENA: EL ESPARTERO

Con este título, el republicano y extraordinario escritor Vicente Blasco Ibáñez, toma como protagonista al héroe de nuestro relato del día: Manuel García Cuesta, “El Espartero”.
Nacido en Sevilla, toma su seudónimo de la profesión de su padre que tenía una espartería en la Plaza de la Alfalfa.
Niño aun, en los ratos que le deja libre la tienda, se introduce en el mundo del toreo, lo que le lleva hasta la cárcel al ser pillado en “corridas” nocturnas por las fincas cercanas a Sevilla. Será una leyenda de la ganadería, Antonio Miura, el que lo sacará de prisión. Actúa como banderillero y a los dieciséis años torea por primera vez en la Plaza de Toros de Guillena.
Por fin, tras cuatro años de novilladas, en 1885, en Sevilla, toma la alternativa que revalidaría en Zalamea la Real con toros de Miura que, como veremos, marcan su vida. El primer año es terrible para “El Espartero”, pisa en varias ocasiones las enfermerías de las plazas, atribuyéndosele la frase “Más Cornadas da el hambre”.
Su valor, la quietud de los pies y la proximidad con que pasaba el toro lo convierten en una figura, compartiendo cartel con Guerrita, Lagartijo o Mazzantini. 
La fama no cambia la personalidad generosa de “El Espartero”, de la que disfrutaban muchos pobres sevillanos. Pero esa generosidad no es su única característica fuera de las plazas de toros, “El Espartero” es el primer torero que se acerca a los intelectuales, que vislumbra el arte más allá del riesgo, pero su extraordinario valor le llevaría a la muerte.
Corría el año de 1894, era un veintisiete de mayo en la Plaza de Toros de Madrid. Allí le aguardaba “Perdigón” de la ganadería de Miura, era colorao y corto de cuernos. Tras una buena faena “El Espartero” lo cuadra para matarlo en el tendido 10 y le entra por segunda vez a matar a volapié. El toro empitona a “El Espartero” por el vientre tras recibir una estocada hasta la bola. Toro y torero quedaran tendidos en el albero, a las cinco y cinco minutos de la tarde “El Espartero” fallecía. 
Tanto en Madrid como en Sevilla el traslado y el entierro movilizaron a miles de personas. “El Espartero” había inscrito su nombre entre los héroes populares.
Las niñas cantaban en las calles de Sevilla:
“Al hijo del Espartero 
lo quieren meter a fraile
pero su madre le dice
torero como su padre”

Dos mujeres vestidas de negro acompañan, entre la multitud, al cadáver, su esposa y su amante. Así lo describe el poeta Fernando Villalón, su amigo, en estos versos:

“Mocitas las de la Alfalfa
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.

Dos viudas, con claveles
negros en el negro pelo.

Negra falda y corbatín 
negro, con un lazo negro
sobre el oro de la manga
La chupa de los toreros.

Ocho caballos llevaba 
el coche del Espartero.”

Su sepultura, una corona de laurel, la que lucían en la frente los héroes griegos y una columna partida cubierta por un velo, la muerte del arte. Y un grito, el de su madre, ¡Hijo del alma!

 

 

 

Jue

26

Nov

2015

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía. PDF Imprimir E-mail

EL CONDE DEL ÁGUILA: Una mentira novelesca se convierte en bandera de la progresía.

A mediados del S.XIX, el arquitecto guipuzcuano Joaquín Fernández Ayarragaray, el mismo que construye la Casa de las Sirenas para el Marqués de Esquivel y el palacio de los Duques de Montpensier en Sanlúcar de Barrameda, levanta el Panteón del Conde del Águila en el Cementerio San Fernando de Sevilla. A este son trasladados desde la Iglesia de la Magdalena los restos del III Conde del Águila, Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, que fue muerto el 27 de mayo de 1808.
La muerte del III Conde del Águila está rodeada de mitos, confeccionados algunos con un fin político, coincidiendo en ello los invasores franceses, los afrancesados de entonces y los “progres” de hoy.
Según esa visión, la Sevilla inquisitorial, la que se refleja también en la represión franquista, la Sevilla del pueblo que grita “vivan las caenas y abajo el pensamiento” asesinó a un hombre ilustrado “que dió su vida por la libertad frente al oscurantismo dominante” y que detiene acusándolo de afrancesado y lo mata a golpes en “aras de un patriotismo de pandereta”.
Como se ve, al “progre” solo le interesa el pueblo para que le vote, en caso contrario lo convierte en populacho despreciable, igual que cambia la historia y la decora a su gusto. Sería conveniente que en las escuelas españolas se leyera la carta que Jovellanos, hombre, el más ilustrado de los ilustrados, escribe a su amigo Cabarrús negándose a ocupar puesto alguno en la corte del rey José I y defendiendo que la Patria esta en el pueblo.
Don Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, III Conde del Águila y VIII Marqués de Paradas, no murió a manos del “populacho”, ni por afrancesado; murió a manos de soldados y por traidor a su cargo y su país.

 

Procurador Mayor de Sevilla y Director de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, tan vinculada a la masonería, recibe noticia del levantamiento del Dos de Mayo en Madrid y del fusilamiento de los patriotas, además de la proclama del Alcalde de Móstoles llamando a la guerra contra los franceses. A pesar de ello y de la formación de una Junta en Extremadura, el 14 de mayo, el Conde del Águila, acepta acatar las órdenes de Madrid y reconoce por escrito a Murat como lugarteniente del Rey José I.
Instigado el pueblo y los militares, como el cuerpo de artillería, por un personaje conocido con el seudónimo del “Incognito”, de nombre Nicolás Tap o Tapia Núñez, y cansado de ver como no reaccionan las autoridades sevillanas ante la invasión francesa, se dirigen al Hospital de la Sangre, hoy Parlamento de Andalucía, donde está el Conde del Águila con algunas tropas que le apoyan. Capturado, es conducido al Ayuntamiento y de allí vivo es llevado hasta la Puerta de Triana donde estaba la cárcel de los Nobles, allí, sin juicio alguno será muerto por los disparos de los soldados que lo han conducido hasta prisión. Lo cuenta el Historiador Francisco Aguilar Piñal recogiendo diversas fuentes presentes en aquellos instantes. 
A partir de ahí, se ha montado una burda historia del hombre bueno, el populacho sanguinario y las “caenas”. Falsedad tan burda como la de un Conde del Águila cuyo fantasma pasó de la Magdalena al Cementerio y aun sigue como alma en pena asustando a incautos.

 

 

 
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